FusionFall

Capitulo 1 de 12

El Mundo de los Héroes

La Tierra que los héroes habitaban no era la Tierra que los libros de geografía de las escuelas ordinarias describían, no era un planeta cuya normalidad pudiera ser contenida en los parámetros de la física y la biología que los científicos convencionales consideraban las únicas leyes válidas del universo; era una Tierra cuya realidad había sido expandida por la existencia de seres cuyas capacidades excedían las de los mortales ordinarios con una magnitud que convertía lo imposible en cotidiano y lo extraordinario en rutinario, un mundo donde un niño genio podía construir un laboratorio cuya tecnología superaba la de las agencias espaciales más avanzadas en el sótano de su casa, donde un adolescente podía transformarse en cualquier criatura alienígena con solo girar el dial de un reloj que llevaba en la muñeca, y donde una ciudad entera podía ser salvada de la destrucción antes de la hora de la cena por una niña cuyo superpoder era tan natural para ella como respirar.

Townsville era la ciudad cuya existencia era el ejemplo más perfecto de la dualidad que definía este mundo, una metrópolis cuya arquitectura era tan convencional como eran extraordinarios los eventos que se desarrollaban entre sus edificios con una frecuencia que los residentes habían aprendido a normalizar con la adaptabilidad que la supervivencia requiere. Las Chicas Superpoderosas, tres niñas cuyo origen en un accidente de laboratorio las había dotado de poderes cuya magnitud excedía la de los ejércitos más poderosos del mundo, protegían Townsville con una dedicación cuya constancia era proporcional a la frecuencia con que los villanos atacaban, que era prácticamente diaria. El Profesor Utonio, el científico cuyo experimento había creado a las Chicas Superpoderosas, representaba la vertiente de la ciencia que este mundo celebraba: la ciencia como herramienta de creación y protección, la ciencia como acto de amor disfrazado de accidente.

El suburbio de Peach Creek era el territorio donde los niños del vecindario vivían aventuras cuya escala era más modesta que las de los superhéroes pero cuya intensidad emocional no era menor, un microcosmos donde las dinámicas de la infancia se desarrollaban con una vitalidad que los adultos del vecindario parecían no percibir o elegían ignorar. Los Eds, tres amigos cuyas personalidades complementarias producían una combinación cuya capacidad para el desastre era superada solamente por su capacidad para la imaginación, eran los habitantes más carismáticos de Peach Creek, individuos cuyas estafas y cuyas aventuras proporcionaban al vecindario un entretenimiento involuntario cuya regularidad era tan predecible como era imprevisible la forma que cada nueva aventura adoptaría.

El Sector V de los Kids Next Door era la base de operaciones de la organización más improbable y más efectiva del mundo: una red global de niños cuya misión era la protección de los derechos de la infancia contra las tiranías de los adultos, una premisa que sonaba absurda hasta que uno comprendía que en este mundo los adultos tiránicos tenían acceso a tecnologías y a recursos cuya utilización contra los niños justificaba la existencia de una contramedida cuya sofisticación era proporcional a la amenaza que enfrentaba. La Casa del Árbol que servía como cuartel general del Sector V era una estructura cuya ingeniería desafiaba las leyes de la arquitectura convencional, un complejo de habitaciones, laboratorios y hangares construido en y alrededor de un árbol cuya capacidad de sostener semejante estructura era tan misteriosa como era indiscutible.

La ciudad de Endsville era el lugar donde lo macabro y lo cotidiano coexistían con una naturalidad que los visitantes encontraban perturbadora pero que los residentes aceptaban como la condición normal de una comunidad cuya relación con lo sobrenatural había sido redefinida por la presencia de Billy y Mandy, dos niños cuya amistad con la Muerte personificada había convertido al Segador de Almas en una figura tan familiar en el vecindario como el cartero. Grim, el Segador cuya guadaña era el instrumento más poderoso del mundo sobrenatural, había perdido una apuesta contra Billy y Mandy y estaba obligado a servirlos como su mejor amigo, una situación cuya humillación era proporcional a la antigüedad y la dignidad de la entidad que la sufría.

El laboratorio de Dexter, el niño genio cuya inteligencia era tan vasta como era corta su estatura, era el centro de innovación tecnológica más avanzado del planeta, un espacio cuya extensión subterránea excedía la de la casa que lo ocultaba con una proporción que hacía que la discreción de Dexter fuera menos un logro de la ingeniería que un misterio de la percepción. Dexter había construido robots cuya inteligencia artificial rivalizaba con la conciencia humana, armas cuya potencia podía alterar la geografía de un continente, y dispositivos cuya función era tan específica como era improbable: máquinas para amplificar la inteligencia, portales dimensionales cuya apertura requería cálculos que solo la mente de Dexter podía ejecutar, y sistemas de defensa cuya activación convertía su laboratorio en una fortaleza que ni los ejércitos más poderosos podrían penetrar.

Ben Tennyson, el portador del Omnitrix, era el héroe cuya versatilidad excedía la de cualquier otro ser del planeta porque su capacidad de transformación le permitía adoptar las formas y los poderes de decenas de especies alienígenas cuya diversidad abarcaba desde la fuerza bruta de un Tetramand hasta la velocidad de un Kineceleran, desde la inteligencia de un Cerebrocrustáceo hasta la capacidad de controlar el fuego de un Pyronita. El Omnitrix, el dispositivo que le confería estas capacidades, era una tecnología cuyo origen era extraterrestre y cuya complejidad excedía la comprensión de los científicos humanos más avanzados, un artefacto cuya posesión convertía a su portador en el ser más versátil del universo conocido.

Los héroes de este mundo no operaban en aislamiento sino en una red de relaciones cuya complejidad reflejaba la diversidad de personalidades, motivaciones y capacidades que cada héroe aportaba al tejido de una comunidad que, aunque no siempre coordinada, compartía un compromiso con la protección de la Tierra que trascendía las diferencias individuales. Las alianzas entre los héroes eran frecuentemente improvisadas, respuestas a crisis cuya urgencia no permitía la planificación que las operaciones militares convencionales requerían, y la eficacia de estas alianzas dependía de la capacidad de los héroes de complementar sus habilidades con una intuición que la experiencia compartida proporcionaba.

Los villanos que los héroes enfrentaban eran tan diversos como los propios héroes, una galería de antagonistas cuyas motivaciones variaban desde la conquista del mundo hasta la venganza personal y cuyas capacidades cubrían un espectro que iba desde la genialidad tecnológica hasta el poder sobrenatural. Mojo Jojo, cuya inteligencia era la contraparte oscura de la genialidad de Dexter, conspiraba desde su observatorio con planes cuya complejidad era inversamente proporcional a su probabilidad de éxito. El Padre, el antagonista supremo de los Kids Next Door, comandaba una organización de adultos tiránicos cuya misión era la supresión de la libertad infantil. Y Vilgax, el conquistador alienígena cuya obsesión con el Omnitrix lo había convertido en el enemigo más persistente de Ben Tennyson, acechaba desde el espacio con una paciencia que era proporcional a la magnitud de su ambición.

Este mundo de héroes, con toda su diversidad y toda su exuberancia, existía en un equilibrio cuya estabilidad dependía de la capacidad de sus defensores de responder a cada amenaza con la combinación adecuada de poder, ingenio y coraje. Era un mundo que había sobrevivido a invasiones alienígenas, a conspiraciones globales, a amenazas sobrenaturales y a desastres de proporciones cósmicas con una resiliencia que era el producto no de un solo héroe sino de la comunidad de héroes cuya existencia convertía a la Tierra en un lugar donde lo imposible era posible y donde la aventura era la condición natural de la vida.

Pero ninguna amenaza que este mundo hubiera enfrentado lo había preparado para lo que se acercaba desde las profundidades del espacio, una amenaza cuya magnitud excedería la de todas las anteriores combinadas y cuya confrontación requeriría que los héroes, por primera vez en su historia, dejaran de lado sus diferencias y sus rivalidades para unirse en una alianza cuya cohesión sería la única defensa contra una fuerza que pretendía no conquistar la Tierra sino consumirla.