La Fusion Matter era la sustancia cuya comprensión era la clave para la victoria contra Lord Fuse y cuyo misterio era el obstáculo más formidable que los científicos de la Resistencia enfrentaban, un material cuya biología desafiaba las categorías que la ciencia terrestre había desarrollado a lo largo de siglos de investigación con una consistencia que sugería no una insuficiencia del material ante la ciencia sino una insuficiencia de la ciencia ante el material. La Fusion Matter no era un organismo en el sentido biológico convencional ni una sustancia química cuyas propiedades pudieran ser descritas con la tabla periódica; era algo intermedio, algo que ocupaba un espacio conceptual que la ciencia terrestre no había explorado porque no había tenido razón para sospechar que ese espacio existiera.
Las propiedades de la Fusion Matter eran tan numerosas como eran desconcertantes. En su estado más básico, la Fusion Matter era un fluido cuya viscosidad variaba con la voluntad de Lord Fuse, un material cuya consistencia podía oscilar entre la fluidez del agua y la solidez del acero en fracciones de segundo, una versatilidad que hacía que las defensas diseñadas para contener líquidos fueran inútiles cuando el material se solidificaba y que las defensas diseñadas para resistir sólidos fueran inútiles cuando el material se licuaba. El color de la Fusion Matter, un verde cuya luminiscencia era tan característica que los combatientes de la Resistencia habían aprendido a asociarlo con el peligro con la misma inmediatez con que el cerebro asocia el rojo con el fuego, era el resultado de una bioluminiscencia cuya fuente era la energía que la materia contenía y que era, según los análisis de Dexter, una forma de energía vital cuya naturaleza no correspondía a ninguna forma de energía que la física terrestre hubiera catalogado.
La capacidad de la Fusion Matter de crear seres era la propiedad más aterradora de todas, la característica que convertía la invasión de Fuse en una amenaza cuya escala se multiplicaba con cada hora que pasaba. La Fusion Matter podía moldear su propia sustancia en formas que replicaban las de los seres que Lord Fuse elegía como modelos, produciendo copias cuya apariencia era una imitación que variaba desde lo groseramente aproximado hasta lo inquietantemente preciso según la cantidad de Fusion Matter y la atención que Lord Fuse dedicaba a la creación. Los Fusion, los monstruos que las fuerzas de la Resistencia enfrentaban en cada misión, eran los productos de esta capacidad creativa, entidades cuya existencia era tan efímera como era intensa su hostilidad.
Los Doppelgangers, las copias de Fusion de los héroes del mundo, eran las creaciones más sofisticadas y más peligrosas que la Fusion Matter producía, réplicas cuya fidelidad al original era lo suficientemente alta como para producir en los combatientes que los enfrentaban una confusión cuya duración, aunque breve, era frecuentemente suficiente para que el Doppelganger lanzara el primer ataque. Un Fusion Dexter poseía una fracción de la inteligencia del original y la utilizaba con una malicia que el original nunca exhibiría; un Fusion Ben podía transformarse en versiones corrompidas de las formas alienígenas del Omnitrix; y un Fusion Buttercup atacaba con una ferocidad que igualaba la de su contrapartida heroica pero que carecía de la contención que la moralidad del original imponía sobre su violencia.
La corrupción que la Fusion Matter producía en los ecosistemas terrestres era un proceso cuya mecánica los biólogos de la Resistencia documentaron con una meticulosidad que la urgencia de la guerra apenas permitía. La Fusion Matter no destruía la materia orgánica sino que la transformaba, reescribiendo la biología de los organismos que infectaba con una información cuya fuente era la voluntad de Lord Fuse. Las plantas infectadas por la Fusion Matter no morían sino que mutaban, adoptando formas cuya agresividad incluía espinas que exudaban toxinas, raíces que se movían con la intencionalidad de tentáculos, y flores cuyas esporas propagaban la infección con una eficiencia que los epidemiólogos encontraban aterradora. Los animales infectados sufrían transformaciones cuya magnitud dependía del tiempo de exposición: las primeras etapas producían cambios de comportamiento que aumentaban la agresividad, las etapas intermedias producían cambios físicos que incluían el crecimiento de apéndices cuya función era el combate, y las etapas finales producían criaturas cuya biología era completamente Fusion, seres cuya conexión con su forma original era un recuerdo que la transformación había borrado.
Los intentos de los científicos de la Resistencia de desarrollar un antídoto contra la Fusion Matter fueron una de las líneas de investigación más intensas y más frustrantes del conflicto. La naturaleza adaptativa de la Fusion Matter hacía que cada antídoto que los científicos desarrollaban fuera efectivo solo temporalmente, porque la materia alienígena evolucionaba en respuesta a los tratamientos con una velocidad que excedía la capacidad de los laboratorios de desarrollar nuevas fórmulas. El Profesor Utonio, cuya experiencia en bioquímica complementaba la genialidad tecnológica de Dexter, logró desarrollar compuestos que ralentizaban la progresión de la infección, soluciones cuya importancia para los combatientes que habían sido expuestos a la Fusion Matter era tan grande como era limitada su eficacia a largo plazo.
La Fusion Matter también poseía la capacidad de absorber y de replicar la tecnología con la que entraba en contacto, una propiedad que los ingenieros de la Resistencia descubrieron cuando las armas que habían sido abandonadas en los campos de batalla comenzaron a aparecer en las manos de los soldados de Fusion en versiones corrompidas cuya eficacia era comparable a la de los originales. Esta capacidad obligó a la Resistencia a implementar protocolos de destrucción de equipamiento cuya rigurosidad reflejaba la seriedad de la amenaza que la captura tecnológica representaba: todo equipo que no pudiera ser recuperado del campo de batalla debía ser destruido con una completitud que impidiera su asimilación por la Fusion Matter.
Las zonas de alta concentración de Fusion Matter, los territorios donde la densidad del material era suficiente para alterar las propiedades físicas del entorno, eran los espacios más peligrosos del mundo no solo por los enemigos que contenían sino por los efectos que la exposición prolongada producía en los seres humanos. Los combatientes que operaban en estas zonas reportaban efectos que comenzaban con la desorientación y que progresaban, si la exposición no era interrumpida, hacia alucinaciones cuyo contenido era inquietantemente coherente, como si la Fusion Matter intentara comunicarse con los seres humanos a través de un canal cuya naturaleza era tan biológica como era psicológica.
La Fusion Matter era, en última instancia, la extensión de la voluntad de Lord Fuse materializada en una sustancia cuya versatilidad la convertía en el arma más perfecta que la guerra había producido, un material que era simultáneamente soldado, ingeniero, espía y arma, cuya derrota requería no solo la superioridad en el campo de batalla sino la comprensión de una biología cuya complejidad era el reflejo de una inteligencia alienígena cuya sofisticación los científicos terrestres apenas comenzaban a apreciar.