Phantasy Star Online

Capitulo 12 de 12

El Legado de las Estrellas

La humanidad que orbitaba Ragol a bordo de la Pioneer 2 era una especie que había perdido su hogar, que había atravesado el vacío del espacio con la esperanza de encontrar un nuevo comienzo, y que había descubierto que el planeta que había elegido como su destino contenía una amenaza cuya antigüedad y cuya potencia hacían que los problemas que habían destruido Coral parecieran triviales en comparación. Pero la humanidad seguía existiendo, y su existencia era la prueba más contundente de una resiliencia cuya fuente no era la tecnología ni la fuerza sino la voluntad de sobrevivir que cada generación transmitía a la siguiente con la misma naturalidad con que transmitía el lenguaje y las costumbres, una herencia cuya continuidad era la condición de la continuidad de la especie misma.

Los Cazadores de la Pioneer 2 habían logrado lo que parecía imposible: habían descendido a las profundidades de un planeta hostil, habían enfrentado a una entidad cuya antigüedad excedía la de la especie humana, y habían regresado con una victoria cuya definición era discutida por los científicos pero cuya realidad era sentida por todos los pasajeros de la nave que continuaban respirando gracias a las acciones de los hombres, las mujeres y los androides que habían elegido enfrentar a Dark Falz en lugar de huir de él. La victoria contra Dark Falz no era definitiva en el sentido absoluto de la palabra; los científicos de la Pioneer 2 debatían si la entidad había sido destruida o simplemente repelida, y la posibilidad de que Dark Falz regresara era una incertidumbre que la civilización tendría que gestionar con la misma vigilancia con que gestionaba las demás amenazas que su existencia en un universo hostil imponía.

La colonización de Ragol continuaba a pesar de los peligros que la superficie del planeta contenía, porque la alternativa a la colonización era la permanencia indefinida en una nave cuya capacidad de sostener a su población estaba limitada por recursos que no eran infinitos. Los equipos de colonización descendían a la superficie con la protección de los Cazadores cuya presencia convertía la colonización en una operación militar tanto como era una empresa civil, y las primeras estructuras permanentes que los colonos construyeron en las zonas que los Cazadores habían asegurado eran los cimientos de una civilización cuya fundación se realizaba con la conciencia de que la seguridad no era un estado permanente sino un equilibrio que debía ser mantenido con esfuerzo constante.

El legado de Rico Tyrell vivía en los Cazadores que habían seguido sus pasos con la determinación que su ejemplo había inspirado, guerreros cuya decisión de enfrentar lo desconocido era la continuación de una tradición que Rico había encarnado con una perfección que la hacía tanto un modelo como un ideal cuya inalcanzabilidad no disminuía sino que amplificaba su poder inspirador. Los mensajes de Rico, preservados en los archivos del Gremio de Cazadores como los textos más valiosos que la exploración de Ragol había producido, eran leídos por cada nueva generación de Cazadores como parte de su formación, no solo por la información práctica que contenían sino por el espíritu que transmitían: la convicción de que el conocimiento era la primera línea de defensa contra lo desconocido y de que la valentía sin conocimiento era temeridad pero el conocimiento sin valentía era impotencia.

La relación entre los humanos, los Newmans y los androides a bordo de la Pioneer 2 había sido transformada por la experiencia compartida de la crisis de Ragol, una transformación cuya dirección era la integración de tres formas de existencia cuyas diferencias habían sido fuente de tensión antes de la crisis pero cuya complementariedad la crisis había revelado con una claridad que las circunstancias más cómodas no habrían permitido. Los humanos habían aprendido que los Newmans no eran una aberración de la ingeniería genética sino compañeros cuya sensibilidad a la energía fotónica era un recurso cuya importancia excedía las reservas que la pureza genética inspiraba. Los androides habían demostrado que la inteligencia artificial no era una imitación inferior de la inteligencia orgánica sino una forma de conciencia cuya validez era confirmada por las decisiones que los androides tomaban en los momentos de crisis.

La tecnología fotónica, el legado científico más importante de la civilización de Coral, continuaba evolucionando en las manos de los ingenieros y los científicos de la Pioneer 2 con una velocidad que la crisis aceleraba con la misma eficacia con que la guerra acelera la innovación militar. Las armas fotónicas que los Cazadores empuñaban eran más poderosas y más sofisticadas que las que la primera generación había portado, y las técnicas que los Forces dominaban alcanzaban niveles de potencia que los pioneros de la disciplina habrían considerado imposibles. Los MAGs, los compañeros artificiales cuya evolución reflejaba la de sus portadores, habían desarrollado formas y capacidades que excedían las especificaciones originales con una creatividad que los ingenieros encontraban fascinante.

Los misterios que Ragol seguía conteniendo eran tan numerosos como eran los que los Cazadores habían resuelto, un horizonte de incógnitas cuya amplitud garantizaba que la exploración del planeta continuaría proporcionando descubrimientos cuya importancia rivalizaría con la del descubrimiento de las ruinas ancestrales y de Dark Falz. Las regiones del planeta que los Cazadores aún no habían explorado contenían formaciones geológicas, ecosistemas y posiblemente estructuras cuya investigación revelaría aspectos de la historia de Ragol que los descubrimientos anteriores no habían abarcado. La posibilidad de que otras civilizaciones hubieran habitado el planeta antes o después de la que había construido las ruinas era una hipótesis que los arqueólogos de la Pioneer 2 investigaban con una expectación cuya intensidad era proporcional a las implicaciones que la confirmación de esa hipótesis tendría.

El recuerdo de Coral, el planeta que la humanidad había destruido y abandonado, seguía presente en la memoria colectiva de los pasajeros de la Pioneer 2 como una advertencia cuya elocuencia no disminuía con el paso del tiempo sino que se intensificaba con la perspectiva que la distancia temporal proporcionaba. Los errores que habían condenado a Coral, la explotación irreflexiva de los recursos, la contaminación de los sistemas naturales, la priorización del beneficio inmediato sobre la sostenibilidad, eran lecciones que los colonos de Ragol llevaban grabadas en su conciencia colectiva con la firmeza de las cicatrices que el trauma produce en el tejido que ha sido dañado.

La Pioneer 2 seguía orbitando Ragol como un faro cuya presencia en el cielo del planeta era visible para los colonos que trabajaban en la superficie como una estrella artificial cuya constancia era el recordatorio de que la civilización humana no se había rendido, de que la especie que había sobrevivido la muerte de su mundo natal y la amenaza de una entidad cósmica seguía existiendo con la determinación de quien comprende que la supervivencia no es un derecho sino una conquista que debe ser renovada cada día con las decisiones que cada individuo toma.

El legado de las estrellas era el legado de un viaje que había comenzado con la desesperación y que continuaba con la esperanza, un viaje cuyo destino no era un lugar sino un estado de ser, la capacidad de enfrentar lo desconocido con la valentía que la situación demandaba y con la humildad que la experiencia enseñaba, la capacidad de aprender de los errores del pasado sin permitir que el peso de esos errores paralizara la acción que el presente requería, y la capacidad de imaginar un futuro que valiera la pena construir a pesar de las dificultades que su construcción imponía.

La humanidad que habitaba la órbita y la superficie de Ragol era una humanidad que había sido probada por el fuego de las estrellas y que había emergido de esa prueba no intacta sino transformada, una especie cuya fragilidad había sido demostrada por la muerte de su mundo natal pero cuya resiliencia había sido demostrada por su capacidad de cruzar el vacío del espacio, de enfrentar a Dark Falz, y de comenzar de nuevo en un planeta cuya hostilidad era el precio de la segunda oportunidad que la humanidad necesitaba y que estaba determinada a aprovechar con una sabiduría que la experiencia del fracaso anterior había hecho no solo posible sino necesaria.