En el centro de todo lo que existe, enraizado en una dimensión que precede al espacio y al tiempo y que los mortales perciben solo en los sueños más profundos y en los momentos de revelación que transforman una vida corriente en una vida extraordinaria, se alza el Árbol del Mundo, una entidad cuya naturaleza trasciende la distinción entre lo vegetal y lo cósmico, entre lo vivo y lo eterno, entre lo que crece y lo que simplemente es. El Árbol del Mundo no es un árbol en el sentido que los botánicos dan a la palabra, aunque su forma evoca la de un arce de proporciones titánicas cuyas raíces se hunden en los cimientos de la realidad y cuyas ramas se extienden a través de las dimensiones como los dedos de una mano que sostiene múltiples mundos en su palma. Es la fuente de la que toda existencia emana, el eje alrededor del cual los planos de la realidad giran con la regularidad de las estaciones y la inevitabilidad de las mareas, y su salud es la salud del cosmos: cuando el Árbol florece, los mundos que sustenta prosperan con una vitalidad que se manifiesta en cosechas abundantes, magia potente y un equilibrio entre las fuerzas del orden y del caos que permite que la civilización florezca; cuando el Árbol enferma, los mundos que dependen de él experimentan perturbaciones cuya gravedad es proporcional a la severidad de la enfermedad, desde tormentas mágicas que distorsionan los hechizos hasta catástrofes dimensionales que amenazan con borrar planos enteros de la existencia.
Los mundos que el Árbol del Mundo sostiene son tres, cada uno tan diferente de los otros como las ramas de un árbol son diferentes entre sí aunque comparten el mismo tronco y las mismas raíces. Maple World, el mundo del arce, es el más conocido y el más poblado de los tres, un plano de existencia cuya geografía abarca continentes de una diversidad que va desde las praderas soleadas de Isla Victoria hasta las cumbres heladas del Nath, desde las profundidades marinas del Camino del Agua hasta los cielos flotantes de Orbis. Es un mundo donde la magia es tan ubicua como el aire que se respira, donde los monstruos que habitan los bosques y las montañas son una parte integral del ecosistema que los aventureros aprenden a navegar desde su primer día de vida, y donde la frontera entre lo mundano y lo maravilloso es tan borrosa que los habitantes de Maple World consideran los fenómenos que los visitantes de otros planos encontrarían asombrosos como parte normal de su realidad cotidiana. Los hongos que caminan por los prados de Henesys, los cerdos que portan armaduras en las afueras de Perion, las babosas que infestan las alcantarillas de Kerning City, todas estas criaturas son tan normales para los habitantes de Maple World como los gatos y los perros lo son para las civilizaciones menos mágicas.
Grandis, el segundo mundo, es un plano cuya existencia fue desconocida para los habitantes de Maple World durante la mayor parte de su historia, un continente dimensional cuya conexión con el Árbol del Mundo se manifestaba en formas diferentes y cuya civilización había evolucionado por caminos que ni los eruditos más imaginativos de Maple World habrían previsto. Grandis era un mundo de imperios y revoluciones, de tecnologías que fusionaban la magia con la mecánica en combinaciones que producían tanto maravillas como horrores, y de razas cuya diversidad biológica superaba la de Maple World con una creatividad que sugería que las fuerzas creadoras de Grandis habían operado con menos restricciones y más experimentación que las de su mundo hermano. Los Nova, una raza de seres alados cuya civilización había construido ciudades en las nubes con la misma naturalidad con que los humanos las construían sobre la tierra, compartían Grandis con los Flora, los Anima y otras razas cuya existencia era tan variada como los ecosistemas que las habían producido.
El tercer mundo, cuya naturaleza es más enigmática que la de los otros dos, es el plano que los sabios llaman simplemente el Otro Mundo, una dimensión cuya relación con el Árbol del Mundo es la más directa y la más peligrosa. Si Maple World es la superficie del Árbol y Grandis es su corteza, el Otro Mundo es su médula, el espacio interior donde las energías más fundamentales de la creación fluyen con una concentración que puede tanto crear como destruir con la misma facilidad. El Otro Mundo es el dominio de los Trascendentes, seres cuyo poder es tan vasto que su mera existencia altera las leyes de la realidad en su entorno, entidades que son a los mortales lo que los océanos son a las gotas de lluvia: de la misma sustancia pero en una escala tan diferente que la comparación misma resulta inadecuada. Los tres Trascendentes de cada mundo, el Trascendente de la Vida, el Trascendente del Tiempo y el Trascendente de la Luz, son los pilares sobre los que el equilibrio de su mundo respectivo se sostiene, y la pérdida o la corrupción de cualquiera de ellos desestabiliza el mundo que custodian con consecuencias que pueden ir desde perturbaciones menores hasta catástrofes existenciales.
La historia de Maple World, en su forma más destilada, es la historia del equilibrio entre estos tres Trascendentes y de lo que sucede cuando ese equilibrio se rompe. Y el desequilibrio más catastrófico que Maple World ha experimentado fue causado no por una fuerza externa sino por uno de sus propios Trascendentes, un ser cuya transformación de protector en destructor constituye la tragedia central de la historia del mundo del arce. El Mago Blanco, el Trascendente de la Luz de Maple World, era un ser cuya bondad había sido la estrella guía de la civilización durante eras incontables, un guardián cuya luz iluminaba los rincones más oscuros del mundo con la promesa de que la oscuridad, por vasta que fuera, siempre encontraría su fin en la presencia de alguien que portaba la luz. Pero la bondad del Mago Blanco contenía dentro de sí la semilla de su propia destrucción, porque su deseo de comprender la totalidad de la existencia, de conocer no solo la luz sino también la oscuridad que la definía por contraste, lo llevó por un camino que ningún ser, por poderoso que fuera, podía recorrer sin ser transformado por lo que encontraba al final.
El Mago Blanco buscó la verdad última de la existencia en los lugares donde la verdad se esconde de quienes no están preparados para encontrarla, en las profundidades del conocimiento prohibido, en los intersticios entre la luz y la oscuridad donde las certezas se disuelven como la nieve bajo el sol. Lo que encontró en esas profundidades no fue registrado en ningún libro porque el conocimiento que adquirió era de una naturaleza que las palabras no podían contener, pero su efecto fue visible para todos: el Mago Blanco, el portador de la luz, se convirtió en el Mago Negro, el heraldo de la oscuridad, un ser cuya transformación no fue simplemente un cambio de bando sino una inversión total de su naturaleza que convirtió cada átomo de bondad en su equivalente de maldad, cada rayo de luz en su correspondiente sombra, cada deseo de proteger en un impulso de destruir. La transformación fue tan absoluta que los sabios que la estudiaron en las eras posteriores concluyeron que el Mago Negro no era simplemente el Mago Blanco corrompido sino algo genuinamente nuevo, una entidad que había nacido de la muerte de su predecesor como una mariposa oscura nace de la crisálida que fue su prisión.
El Mago Negro no deseaba simplemente el poder ni la conquista ni la destrucción como fines en sí mismos; su objetivo era algo más fundamental y más aterrador: la reescritura de las leyes que gobernaban la existencia, la creación de un nuevo orden donde la oscuridad no fuera la ausencia de la luz sino su reemplazo, donde el caos no fuera la ausencia del orden sino su superación, donde la muerte no fuera el final de la vida sino su forma definitiva y permanente. Para lograr este objetivo, el Mago Negro necesitaba debilitar y eventualmente destruir el Árbol del Mundo, cuya existencia era la garantía de que las leyes actuales de la realidad seguirían vigentes, y reemplazarlo con algo que reflejara su visión de un cosmos donde la oscuridad no era un defecto sino la condición natural de la existencia. La magnitud de esta ambición era tan vasta que los seres que la comprendían no podían decidir si era megalomanía o si era, de alguna manera retorcida, una forma de visión que los mortales y los inmortales por igual eran incapaces de apreciar en toda su terrible grandeza.
La sombra del Mago Negro se extendió sobre Maple World como la sombra de un eclipse que no tiene fin previsto, oscureciendo las tierras que habían conocido la luz con una oscuridad que no era simplemente física sino existencial, una oscuridad que afectaba no solo los ojos sino el alma, que convertía la esperanza en desesperación y la fe en duda con la eficiencia de un veneno diseñado para atacar los cimientos de la voluntad humana. Los monstruos que habitaban los bosques y las montañas se volvieron más agresivos bajo la influencia del Mago Negro, las fronteras entre los planos de la realidad se debilitaron permitiendo que criaturas de otras dimensiones se filtraran hacia Maple World con una frecuencia creciente, y las instituciones que los mortales habían construido para mantener el orden, los gremios de magos, las academias de guerreros, los templos de los sacerdotes, se vieron sometidas a una presión que amenazaba con desbordarlas. El mundo del arce estaba enfermo, y la enfermedad tenía un nombre y una causa y una cura que nadie sabía cómo administrar.
Fue en ese momento de oscuridad cuando surgieron los que la historia recordaría como los Héroes Legendarios, cinco seres cuyo poder combinado era la única fuerza en Maple World capaz de enfrentar al Mago Negro en igualdad de condiciones. No fueron elegidos por una profecía ni designados por un consejo de sabios; se encontraron mutuamente atraídos por la misma convicción de que alguien tenía que hacer algo y de que ese alguien, si nadie más se presentaba, tendría que ser ellos. Su historia, la historia de cómo cinco individuos extraordinarios se unieron para enfrentar a una amenaza que superaba la capacidad de cualquiera de ellos por separado, es el capítulo más celebrado y más doloroso de la historia de Maple World, un relato de heroísmo y sacrificio cuyas consecuencias seguirían dando forma al destino del mundo durante siglos después de los eventos que lo originaron.