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Capitulo 8 de 12

Las Ruinas Ancestrales

Debajo de las minas, más allá de los niveles que la Pioneer 1 había excavado y que las máquinas corrompidas custodiaban, se extendían las ruinas de una civilización cuya existencia transformaba la comprensión que los humanos tenían de Ragol de un planeta virgen esperando la colonización en un mundo con una historia cuya antigüedad excedía la de la civilización de Coral con una magnitud que los arqueólogos de la Pioneer 2 encontraban abrumadora. Las ruinas no eran los restos de una civilización primitiva cuya desaparición pudiera ser explicada por los procesos ordinarios de ascenso y caída que todas las civilizaciones experimentan; eran las estructuras de una civilización cuya tecnología había alcanzado un nivel que la ciencia de Coral no podía replicar, una civilización que había comprendido fuerzas cuya existencia los científicos humanos apenas comenzaban a sospechar.

Las paredes de las ruinas estaban cubiertas de inscripciones cuyo lenguaje era tan ajeno a cualquier sistema de escritura humano que los lingüistas de la Pioneer 2 necesitaron semanas de análisis antes de poder extraer los primeros fragmentos de significado, una tarea cuya dificultad era proporcional a la importancia de la información que las inscripciones contenían. Los fragmentos que los lingüistas lograron descifrar describían una civilización que había adorado a una entidad cuya naturaleza era descrita con una reverencia cuya intensidad sugería que la entidad no era un concepto abstracto sino un ser real cuya presencia los constructores de las ruinas habían experimentado directamente. Las inscripciones describían también rituales cuya función era el confinamiento de algo cuya liberación los constructores de las ruinas consideraban la peor catástrofe concebible, ceremonias cuya complejidad reflejaba la magnitud de la amenaza que pretendían contener.

La arquitectura de las ruinas era un testimonio de una estética cuya sofisticación excedía la de cualquier civilización que los humanos hubieran producido, una síntesis de función y belleza cuya ejecución sugería una comprensión de los principios del diseño que la ciencia de Coral había buscado durante milenios sin alcanzar completamente. Los arcos que sostenían los techos de las cámaras principales describían curvas cuya geometría era tan matemáticamente perfecta como era visualmente armoniosa, y las superficies de las paredes estaban pulidas hasta un grado que los reflectores de los Cazadores convertían en espejos cuya imagen devolvía la luz con una claridad que habría sido imposible sin una tecnología de procesamiento de materiales que los ingenieros humanos no poseían.

Las criaturas que habitaban las ruinas eran los guardianes más peligrosos que los Cazadores habían enfrentado en su descenso a través de los niveles de Ragol, seres cuya naturaleza combinaba elementos biológicos con elementos tecnológicos en una fusión que los científicos de la Pioneer 2 no podían clasificar con los paradigmas existentes. Los Delsabers, guerreros cuya forma humanoide y cuya maestría con las espadas de energía que empuñaban sugerían una inteligencia que excedía la de las criaturas de los niveles superiores, eran los centinelas de las ruinas cuya función era la eliminación de cualquier intruso que se adentrara en los espacios que protegían. Los Delsabers atacaban con una técnica de esgrima cuya sofisticación producía en los Hunters que los enfrentaban una admiración que la necesidad de sobrevivir convertía en concentración, porque un Delsaber era un oponente cuya habilidad con la espada igualaba la de los Hunters más experimentados.

Los Chaos Sorcerers, entidades cuya capacidad de manipular la energía fotónica con una potencia que excedía la de los Forces más poderosos de la Pioneer 2, eran los enemigos cuyo enfrentamiento requería una estrategia que privilegiara la velocidad sobre la potencia, porque la duración de un combate contra un Chaos Sorcerer era directamente proporcional al daño que el Sorcerer infligía al grupo. Los hechizos de los Chaos Sorcerers, manifestaciones de una forma de energía que los científicos identificaron como fotónica pero cuya configuración era diferente de cualquier técnica que la ciencia de Coral hubiera desarrollado, producían efectos devastadores cuya evasión requería reflejos que el cansancio acumulado de los niveles anteriores comprometía.

Los Dark Belras, criaturas cuya magnitud física y cuya resistencia al daño los colocaban en la categoría de los enemigos cuya derrota era un logro que los equipos de Cazadores celebraban con la satisfacción que se reserva para las victorias que han sido ganadas con un esfuerzo que ha llevado al grupo al límite de sus capacidades, eran los guardianes de las cámaras más profundas de las ruinas. Los Dark Belras atacaban con un brazo cuya longitud le permitía alcanzar a los Cazadores que creían estar a una distancia segura, y su capacidad de lanzar ese brazo como un proyectil que regresaba a su dueño como un bumerán biológico era una sorpresa cuya primera experiencia era frecuentemente la última para los Cazadores que no estaban preparados para ella.

Los mensajes del misterioso explorador que los Cazadores habían seguido desde la superficie alcanzaban en las ruinas un tono cuya gravedad reflejaba la magnitud de los descubrimientos que el explorador había realizado. Los mensajes describían la comprensión creciente de que la explosión que había destruido la colonia de la Pioneer 1 no había sido un accidente sino la liberación de una entidad que la civilización que había construido las ruinas había sellado en las profundidades de Ragol con la esperanza de que el sello permaneciera intacto eternamente. El explorador describía la entidad con palabras cuya ambigüedad reflejaba la dificultad de describir algo cuya naturaleza excedía los conceptos disponibles: una oscuridad, un hambre, una voluntad cuya antigüedad excedía la del planeta mismo.

La cámara más profunda de las ruinas, el espacio cuya ubicación en el punto más bajo del complejo sugería que era el centro alrededor del cual toda la estructura había sido construida, era el lugar donde la verdad de Ragol se revelaba con una claridad cuya iluminación era más aterradora que la oscuridad que la precedía. En esa cámara, los Cazadores encontraban las evidencias de que el sello que la civilización antigua había construido para contener la entidad había sido roto, que las actividades de excavación de la Pioneer 1 habían perforado las barreras que milenios de construcción habían erigido, y que la explosión que había destruido la colonia había sido la consecuencia de la liberación de una fuerza cuya naturaleza los constructores de las ruinas habían comprendido lo suficiente como para dedicar su civilización entera a su contención.

Las ruinas de Ragol eran más que los restos de una civilización perdida; eran una advertencia cuya lectura había llegado demasiado tarde para los colonos de la Pioneer 1 y cuya comprensión era la única esperanza que los Cazadores de la Pioneer 2 tenían de evitar que la catástrofe que había consumido a sus predecesores se extendiera hasta engullir a los últimos supervivientes de la humanidad. Las inscripciones, los artefactos, los guardianes y la arquitectura de las ruinas eran los mensajes de una civilización que había vivido y muerto con el conocimiento de una amenaza que ahora, liberada de su prisión, acechaba en las profundidades de un planeta que los humanos habían elegido como su hogar sin comprender que ese hogar era también la prisión de algo cuya liberación convertiría el sueño de un nuevo comienzo en la pesadilla de un final que la civilización que había construido las ruinas no había logrado evitar para sí misma.