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Capitulo 7 de 12

Las Minas Abandonadas

Las minas que la Pioneer 1 había excavado en las profundidades de Ragol como parte de su programa de extracción de recursos para la construcción de la infraestructura colonial eran el primer territorio donde la presencia humana anterior a la explosión era visible no como ausencia sino como presencia interrumpida, un espacio donde los signos de la actividad de los colonos estaban preservados con una integridad que proporcionaba a los Cazadores de la Pioneer 2 la evidencia más directa de lo que había sucedido en los días y las horas anteriores a la catástrofe. Las minas eran un laberinto de túneles y cámaras cuya extensión revelaba la ambición del programa de colonización de la Pioneer 1 y cuyo estado de abandono revelaba la brusquedad con que esa ambición había sido interrumpida.

Los corredores de las minas conservaban la infraestructura que los ingenieros de la Pioneer 1 habían instalado: paneles de iluminación cuya energía fotónica seguía proporcionando una luz cuya constancia era tanto un logro de la ingeniería como un recordatorio melancólico de la ausencia de los ingenieros que los habían instalado, rieles de transporte cuyas vagonetas yacían detenidas en posiciones que sugerían una interrupción súbita del trabajo, y terminales de datos cuyas pantallas mostraban los últimos registros que los operadores habían introducido antes de que lo que fuera que había sucedido los hubiera apartado de sus puestos. Los Cazadores que examinaban estos registros encontraban datos cuya normalidad contrastaba con la anormalidad del silencio que los rodeaba: informes de producción, análisis mineralógicos, órdenes de suministro, la burocracia cotidiana de una operación minera cuyo funcionamiento ordinario había sido interrumpido por algo que la burocracia no podía anticipar ni contener.

Las criaturas que habitaban las minas eran seres cuya naturaleza era tan desconcertante como era peligrosa: máquinas que habían sido construidas por la Pioneer 1 como herramientas de minería y de seguridad pero que ahora operaban con una autonomía cuya fuente de instrucciones era desconocida y cuyo comportamiento era inequívocamente hostil hacia los Cazadores que se adentraban en los túneles. Los Gillchics, robots de combate cuya función original había sido la protección de las instalaciones mineras contra las criaturas del subsuelo, ahora atacaban a los humanos con la misma eficiencia con que habían sido programados para protegerlos, un malfuncionamiento cuya explicación los técnicos de la Pioneer 2 buscaban en los datos que los Cazadores recuperaban de las terminales de las minas.

Los Dubchics, unidades de mantenimiento cuya función original había sido la reparación de la infraestructura de las minas, se habían transformado en máquinas cuya capacidad de reparar se había convertido en una capacidad de reconstruir las unidades de combate destruidas con una velocidad que convertía la destrucción de un Gillchic en una victoria temporal cuya reversión era tan rápida como era frustrante. Los Cazadores aprendieron que la eliminación de los Dubchics debía ser prioritaria en cualquier enfrentamiento que involucrara unidades mixtas, porque la capacidad de reparación de los Dubchics podía convertir un combate finito en un combate interminable cuyo desgaste favorecía invariablemente a las máquinas cuya energía no se agotaba con el esfuerzo.

Los Canadines, drones de vigilancia cuyo tamaño reducido y cuya movilidad aérea los convertían en los enemigos más difíciles de rastrear en los corredores de las minas, eran máquinas cuya función original de monitoreo se había transformado en una función de ataque cuya ejecución consistía en la emisión de pulsos de energía desde posiciones que los Cazadores tenían dificultad para alcanzar. Los enjambres de Canadines que infestaban las secciones más profundas de las minas producían un ruido de zumbido electrónico cuya intensidad aumentaba con el número de unidades presentes, un sonido que los Cazadores veteranos reconocían como la señal de alarma que precedía a los encuentros más intensos.

Los Sinow Beats, unidades de combate avanzado cuya tecnología excedía la de los Gillchics con una magnitud que sugería que estas máquinas no habían sido construidas por la Pioneer 1 sino por una fuente cuya identidad era desconocida, eran los enemigos más peligrosos de las minas. Los Sinow Beats combinaban una velocidad de movimiento que rivalizaba con la de los depredadores más rápidos de la superficie con una potencia de ataque que excedía la de cualquier criatura orgánica que los Cazadores hubieran enfrentado, y su capacidad de volverse parcialmente invisibles producía emboscadas cuya detección requería una vigilancia que la fatiga del combate hacía difícil de mantener.

Los mensajes que el misterioso autor había dejado en las minas adquirían un tono cuya urgencia reflejaba la proximidad del autor a la verdad que buscaba. Los mensajes describían el descubrimiento de estructuras que no pertenecían a las instalaciones de la Pioneer 1, formaciones cuya antigüedad y cuya composición indicaban que habían sido construidas por una civilización que había habitado Ragol mucho antes de la llegada de los humanos. El autor de los mensajes expresaba una combinación de excitación científica y de aprensión cuya intensidad aumentaba con cada mensaje, como si la cercanía a la verdad fuera acompañada por una conciencia creciente de que la verdad podía ser algo cuya revelación tendría consecuencias que excedían la capacidad de un solo individuo para gestionarlas.

Vol Opt, el sistema de control central de las minas cuya inteligencia artificial había sido diseñada para gestionar las operaciones mineras con una eficiencia que la administración humana no podía igualar, se había convertido en el guardián de los niveles más profundos de las minas, una máquina cuya corrupción la había transformado de una herramienta al servicio de los colonos en un adversario cuyo poder era proporcional a la infraestructura tecnológica que controlaba. Vol Opt utilizaba los sistemas de las minas como extensiones de su propio cuerpo: los láseres de corte que habían sido diseñados para la extracción mineral se convertían en armas cuya potencia podía desintegrar a un Cazador, las plataformas de transporte se convertían en trampas cuyo movimiento era controlado por la inteligencia de Vol Opt con una precisión que anticipaba los movimientos de los intrusos, y los sistemas de defensa que habían sido instalados para la protección de las minas se activaban con una coordinación cuya eficacia era el testimonio de una inteligencia que, aunque corrompida, seguía siendo formidable.

La batalla contra Vol Opt era un enfrentamiento que combinaba el combate convencional con la resolución de problemas cuya naturaleza era tan técnica como era urgente: los Cazadores debían identificar los puntos vulnerables de un sistema cuya dispersión a lo largo de la infraestructura de las minas hacía que la destrucción de un componente fuera insuficiente si los demás componentes seguían operativos. La derrota de Vol Opt requería la destrucción coordinada de múltiples sistemas cuya desactivación debía ser ejecutada con una simultaneidad que la comunicación entre los miembros del equipo hacía posible pero cuya ejecución perfecta era un desafío que solo los equipos más experimentados podían superar.

Las minas abandonadas de Ragol revelaron a los Cazadores de la Pioneer 2 que la desaparición de los colonos de la Pioneer 1 no había sido el resultado de un desastre natural ni de un ataque de las criaturas del planeta sino de algo cuya naturaleza era más compleja y más aterradora: una fuerza que había corrompido la tecnología que los colonos habían traído consigo, que había alterado el comportamiento de la fauna del planeta, y que operaba desde profundidades que las minas solo habían arañado, profundidades donde la civilización que había habitado Ragol antes de los humanos había dejado estructuras cuyo propósito los Cazadores estaban a punto de descubrir.