Final Fantasy XIV

Capitulo 18 de 20

Los Días Finales

El viaje a la Vieja Sharlayan comenzo bajo cielos cargados de presagios que ni los astrologos mas experimentados podian descifrar con certeza, y cuando el barco que transportaba al Guerrero de la Luz y a los Scions de la Septima Aurora atraco en los muelles de aquella nacion-isla dedicada al conocimiento, lo que encontraron no fue la alianza que buscaban sino un muro de silencio, secretos y una indiferencia calculada que resultaba mas amenazadora que cualquier ejercito. La Vieja Sharlayan, cuna del saber academico de Eorzea, bastion de bibliotecas que contenian los registros de civilizaciones extintas y los tratados de magias olvidadas, habia adoptado durante siglos una politica de no intervencion que sus ciudadanos defendian con el fervor de un dogma religioso: observar, registrar, comprender, pero jamas actuar. El Foro, aquel consejo de eruditos que gobernaba Sharlayan con la frialdad de quienes confian mas en los libros que en las espadas, recibio a los Scions con una cortesia helada que apenas disimulaba su desprecio por aquellos que pretendian arrastrarlos a los conflictos del mundo exterior. Pero el Guerrero de la Luz noto algo que los demas pasaron por alto en esos primeros momentos: un nerviosismo subyacente en los miembros del Foro, una urgencia que se filtraba a traves de las grietas de su compostura academica como agua a traves de una presa agrietada, y que sugeria que los sabios de Sharlayan sabian algo sobre la amenaza que se cernia sobre el mundo, algo tan terrible que habian decidido actuar por primera vez en su historia, aunque su idea de accion resultaria ser la mas cobarde y la mas desesperada que se pudiera concebir.

La verdad sobre el proyecto secreto de Sharlayan se revelo como una bofetada de realismo en un mundo acostumbrado al heroismo: el Foro estaba construyendo el Ragnarok, una nave espacial de proporciones monumentales cuyo proposito no era luchar contra la amenaza que se avecinaba sino huir de ella. En las entranas de la isla, ocultas bajo capas de secreto y magia de proteccion, una flota de naves estaba siendo ensamblada con la precision desesperada de quienes saben que el tiempo se agota, y el plan del Foro era evacuar a la poblacion de Sharlayan, y potencialmente a tantos refugiados como pudieran acomodar, fuera del planeta Etheirys antes de que la catastrofe que sus calculos predecian consumiera todo. No era un plan de batalla sino un plan de escape, una admision tacita de que los eruditos mas brillantes del mundo habian analizado la amenaza y habian concluido que era invencible, que no existia fuerza en Etheirys capaz de detener lo que venia, y que la unica opcion racional era abandonar el mundo a su destino y preservar lo que se pudiera en el exilio entre las estrellas. Los Scions recibieron esta revelacion con una mezcla de incredulidad y furia contenida, porque para aquellos que habian dedicado sus vidas a luchar por cada palmo de tierra, por cada vida inocente, por cada amanecer que un villano amenazaba con ser el ultimo, la idea de rendirse sin siquiera intentar luchar era anatema, una traicion a todo lo que representaban. Pero el Foro no era cobarde en el sentido convencional: sus miembros habian calculado las probabilidades con la precision que solo los academicos poseen, y habian determinado que luchar era un suicidio matematicamente certero.

Mientras Sharlayan preparaba su huida disfrazada de prudencia, las ruinas de Garlemald ofrecian un panorama de pesadilla que superaba las peores imaginaciones de quienes habian luchado contra el imperio durante decadas. La capital del imperio que habia aterrorizado a dos continentes, aquella metropoli de acero y magitek que habia sido el simbolo del poder militar mas grande que el mundo habia conocido, yacia ahora bajo un manto de nieve y ceniza como un cadaver congelado en el momento de su agonia. El colapso de Garlemald no habia sido causado por una invasion exterior ni por una revolucion interna sino por algo infinitamente peor: Fandaniel, aquel Ascian de la nueva generacion cuya alma era la reencarnacion fracturada de Hermes, el antiguo custodio de Elpis, habia erigido torres por todo el territorio garlean que emitian una senal primal capaz de templar a cualquier ser lo suficientemente debil o desesperado para sucumbir a ella. Los ciudadanos de Garlemald, ya devastados por la guerra civil que habia seguido al asesinato del emperador Varis a manos de su propio hijo Zenos, habian sido convertidos en monstruos por esas torres, transformados en bestias irracionales que vagaban por las calles heladas de su propia capital devorando a sus vecinos, a sus familias, a todo lo que quedaba de la civilizacion que habian construido. Cuando los Scions marcharon a traves de las ruinas de Garlemald junto a un contingente de las Grandes Companias de Eorzea, lo que encontraron no fue un campo de batalla sino un matadero congelado donde los cuerpos de los soldados imperiales yacian mezclados con los de los civiles en una democracia macabra de la muerte que no distinguia entre conquistadores y conquistados.

De las ruinas del palacio imperial se alzaba la Torre de Babil, una estructura monstruosa que Fandaniel habia erigido como un monumento a su nihilismo, un pilar de piedra negra y magitek corrupta que perforaba el cielo como un dedo acusador senalando a los dioses mismos. La torre era el nexo de la senal primal que habia destruido Garlemald desde dentro, y su poder se extendia mas alla de las fronteras del imperio derruido, amenazando con alcanzar otras naciones si no era detenida. Pero Fandaniel, a diferencia de los Ascian que lo habian precedido, no buscaba las Reuniones ni la restauracion de los Antiguos: era un nihilista en el sentido mas puro y aterrador del termino, un ser que habia contemplado la futilidad de la existencia a traves de los ojos de Hermes, su yo original, y habia llegado a la conclusion de que toda vida era sufrimiento y que la unica misericordia posible era la extincion total. Su alianza con Zenos yae Galvus, el hijo psicopata del ultimo emperador de Garlemald cuya unica motivacion era obtener un ultimo combate contra el Guerrero de la Luz, era una union de conveniencia entre el vacio existencial y la obsesion depredadora: Fandaniel proporcionaba los medios para desatar el apocalipsis, y Zenos le permitia ejecutar sus planes a cambio de la promesa de que el Guerrero de la Luz seria llevado al borde del abismo donde un combate verdaderamente digno seria posible. Juntos, el alquimista de la destruccion y el guerrero sin proposito, escalaron la Torre de Babil hacia la luna misma de Etheirys, donde Zodiark, sellado desde la era de los Antiguos, aguardaba en su prision celestial.

La ascension a traves de la Torre de Babil y el viaje posterior a la luna fue un periplo que llevo al Guerrero de la Luz mas alla de los confines del mundo que conocia, literalmente fuera de la atmosfera de Etheirys, hacia un paisaje lunar de cráteres plateados y cielos sin aire donde la gravedad misma parecia rendir homenaje a la importancia cosmica de lo que estaba a punto de suceder. En las entranas de la luna, en una camara ancestral construida por los Antiguos como prision eterna para su creacion mas peligrosa, Fandaniel habia completado su maquinacion final: usando el primal Anima como catalizador, habia acumulado suficiente eter para debilitar los sellos que mantenian a Zodiark encadenado, y luego el y Zenos habian viajado personalmente para romper las ultimas protecciones. Fandaniel se fusiono con Zodiark no para controlarlo sino para destruirlo desde dentro, y cuando el Guerrero de la Luz llego a la camara del dios oscuro, lo que encontro fue una batalla que decidio el destino del escudo que habia protegido a Etheirys durante doce mil anos. Zodiark, aquel ser invocado con el sacrificio de la mitad de los Antiguos, el dios que Emet-Selch habia dedicado su inmortalidad a restaurar, cayo ante el poder combinado del Guerrero de la Luz y la traicion de Fandaniel. Pero la destruccion de Zodiark no fue una victoria sino el detonante de una catastrofe que nadie habia previsto en toda su magnitud: con el dios oscuro eliminado, el escudo que habia mantenido a raya una amenaza cosmica durante milenios se desvanecio, y la senal de Meteion, aquella transmision de desesperacion que habia viajado desde los confines del universo, llego por fin a Etheirys sin obstaculos.

Los Dias Finales comenzaron de nuevo, y esta vez no fue en la era de los Antiguos donde su horror se manifesto sino en el presente, en las naciones que el Guerrero de la Luz habia jurado proteger, en las ciudades y aldeas donde vivian las personas cuyas vidas habian dado sentido a cada batalla librada. Thavnair fue el primer epicentro del horror, aquella nacion insular de cultura rica y arquitectura opulenta que habia sobrevivido milenios bajo la proteccion secreta del dragon Vrtra, y lo que sucedio alli fue algo que desafiaba toda descripcion y toda preparacion mental. Las Blasfemias aparecieron: seres monstruosos nacidos no de la magia ni de la invocacion primal sino de la transformacion directa de personas vivas, mortales comunes cuya desesperacion habia alcanzado un umbral critico que activaba la senal de Meteion y convertia su cuerpo y su alma en una aberracion de carne retorcida y odio sin mente. La dungeon de Vanaspati, aquel templo en la jungla de Thavnair donde el Guerrero de la Luz se adentro para combatir la primera oleada de Blasfemias, se convirtio en el escenario de escenas que grabarian cicatrices permanentes en la memoria de todos los presentes: familias enteras transformandose ante los ojos de sus seres queridos, madres que se convertian en monstruos mientras sus hijos gritaban sus nombres, padres que intentaban proteger a sus familias solo para descubrir que la amenaza no venia de fuera sino de dentro de ellos mismos. El horror de Vanaspati no residia en la fuerza de los monstruos ni en la dificultad del combate sino en la humanidad de las victimas, en el hecho de que cada Blasfemia habia sido, momentos antes, una persona con nombre, con historia, con amor, y que su transformacion era irreversible, su alma destruida en el proceso, sin posibilidad de rescate ni de redencion.

La oleada de Blasfemias no se limito a Thavnair sino que se extendio por todo Etheirys como una pandemia de desesperacion hecha carne, y cada nacion, cada ciudad, cada aldea que el Guerrero de la Luz habia ayudado a lo largo de su carrera se convirtio en un campo de batalla contra un enemigo que no podia ser derrotado con espadas ni con magia porque su origen era emocional, psicologico, existencial. La gente se transformaba cuando perdia la esperanza, cuando el peso de la desesperacion superaba su capacidad de resistir, y en un mundo que habia sufrido guerras imperiales, invasiones de Primals, calamidades umbrales y la revelacion de que la realidad misma habia sido fracturada por dioses en conflicto, la reserva de esperanza de muchos habia sido drenada hasta el fondo. Los Scions se dispersaron por el mundo intentando contener la marea de Blasfemias mientras buscaban desesperadamente una solucion, pero cada hora que pasaba traia nuevas transformaciones, nuevas perdidas, nuevos recordatorios de que esta amenaza era fundamentalmente diferente a todas las anteriores porque no podia ser enfrentada con fuerza bruta. No habia un lider enemigo que derrotar, no habia un ejercito que vencer, no habia un sello que restaurar: la fuente de la destruccion era la desesperacion misma de la gente, amplificada y catalizada por una senal cosmica que nadie sabia como detener, y mientras esa senal continuara transmitiendose desde los confines del universo, los Dias Finales continuarian consumiendo mundo tras mundo hasta que no quedara nada.

Fue en medio de esta oscuridad creciente cuando la ultima revelacion sacudio los cimientos de todo lo que el Guerrero de la Luz creia saber sobre Hydaelyn, la Madre Cristal, la entidad de luz que habia guiado sus pasos desde el comienzo de su aventura y cuya voz habia sido su faro en los momentos mas desesperados. Hydaelyn convoco al Guerrero de la Luz a una prueba final, un enfrentamiento que no era una batalla contra un enemigo sino un examen de valor, determinacion y comprension, y cuando el Guerrero la enfrento en su forma divina, brillante como un sol concentrado en forma humanoide, la verdad que emergio de su derrota fue la mas impactante de todas: Hydaelyn era Venat. La mujer que habia ocupado el asiento de Azem antes del actual portador, la Antigua que habia viajado a Elpis con el Guerrero de la Luz en una era futura aun por acontecer, la disidente que habia liderado la faccion opuesta a Zodiark durante la crisis de los Antiguos, era la misma entidad que habia guiado al Guerrero de la Luz desde las sombras durante toda su vida. Venat no habia invocado a Hydaelyn como un acto de rebeldia impulsiva sino como la culminacion de un plan que abarcaba la totalidad del tiempo: habiendo aprendido del viajero del futuro, el propio Guerrero de la Luz que visitaria Elpis en la era de los Antiguos, que los Dias Finales habian sido causados por Meteion y que Zodiark no era la solucion sino un escudo temporal, Venat habia tomado la decision mas dolorosa imaginable.

La Fractura, aquel acto apocaliptico que habia dividido el mundo en catorce fragmentos y habia condenado a los Antiguos a una existencia fragmentada, no habia sido un accidente ni un efecto colateral: habia sido deliberado, un sacrificio calculado ejecutado con pleno conocimiento de sus consecuencias devastadoras. Venat habia comprendido, gracias a la informacion que el Guerrero de la Luz del futuro habia traido consigo a traves del tiempo, que los Antiguos en su forma original eran demasiado poderosos en eter para interactuar con dynamis, aquella energia emocional que constituia la naturaleza de Meteion y de los Dias Finales. Mientras los seres del mundo fueran tan densos en eter, serian incapaces de percibir, resistir o combatir la senal de desesperacion que Meteion transmitia desde los confines del universo, porque dynamis y eter eran fuerzas fundamentalmente opuestas, y donde una predominaba, la otra se desvanecia. La unica forma de crear seres capaces de luchar contra Meteion era reducir su densidad eterica, fragmentarlos, debilitarlos hasta el punto donde dynamis pudiera fluir a traves de ellos, y eso requeria destruir el mundo tal como lo conocian. Venat habia sacrificado su propia existencia, su pueblo, su civilizacion y su mundo para crear las condiciones necesarias para que, milenios despues, seres mortales imperfectos y fragmentados pero capaces de interactuar con dynamis pudieran enfrentar a Meteion y poner fin a los Dias Finales para siempre. No habia bondad ni justicia en su decision, como ella misma admitio: solo la certeza desgarradora de que era necesaria.

La revelacion de que Hydaelyn era Venat transformaba retroactivamente toda la narrativa de Final Fantasy XIV, porque cada momento en que la Madre Cristal habia intervenido, cada susurro de guia, cada cristal de luz otorgado, cada bendicion concedida al Guerrero de la Luz, habia sido el acto de una mujer que cargaba con la culpa de haber destruido el mundo original y que ahora dedicaba su existencia eterna a asegurarse de que ese sacrificio no fuera en vano. Venat habia observado durante doce mil anos como los mortales fragmentados luchaban, sufrian, morian y renacian en ciclos interminables de guerra y paz, sabiendo que cada uno de esos ciclos era necesario para templar las almas mortales y prepararlas para el enfrentamiento final contra la desesperacion cosmica. Habia visto a Emet-Selch construir imperios y provocar calamidades, habia visto a Lahabrea manipular naciones y corromper Primals, habia visto a Elidibus instrumentalizar el heroismo, y habia permanecido en silencio, guiando sutilmente pero sin intervenir directamente, porque sabia que la fuerza que los mortales necesitaban para derrotar a Meteion no podia ser otorgada sino que debia ser ganada a traves del sufrimiento y la superacion. La prueba final contra Hydaelyn no era un combate sino una graduacion: Venat queria asegurarse de que el Guerrero de la Luz y los Scions eran lo suficientemente fuertes, no en poder bruto sino en voluntad y determinacion, para enfrentar lo que les esperaba en los confines del universo. Y cuando cayo, cuando su forma divina se disolvio en cristales de luz que se dispersaron como semillas de esperanza en el viento, la sonrisa en su rostro era la de una madre que ha visto a sus hijos crecer mas alla de sus expectativas mas optimistas.

Los Scions quedaron ante un panorama de desesperacion que habria paralizado a cualquier ser racional: los Dias Finales consumian el mundo, Zodiark habia sido destruido, Hydaelyn habia caido tras su prueba final, y la fuente de toda la destruccion era una entidad que existia mas alla de los confines del espacio conocido, en algun lugar entre las estrellas donde la desesperacion de mil civilizaciones muertas habia cristalizado en una fuerza que amenazaba con extinguir toda vida en el universo. Pero fue exactamente en este momento de oscuridad total cuando la naturaleza de los mortales fragmentados demostro su valor, porque donde los Antiguos habian sucumbido al panico y habian invocado dioses para salvarlos, los seres imperfectos que poblaban el mundo actual respondieron con algo que ninguna cantidad de poder etereo podia igualar: la terquedad absurda de negarse a rendirse. El Foro de Sharlayan, confrontado con la revelacion de la verdadera naturaleza de la amenaza, acepto finalmente ceder el Ragnarok no para huir sino para luchar, transformando su nave de evacuacion en un vehiculo de asalto que llevaria al Guerrero de la Luz y a los Scions mas alla de los limites del mundo conocido. Las naciones de Eorzea, Hingashi, Doma, Thavnair y todas las demas se unieron en un esfuerzo sin precedentes para contener las Blasfemias mientras los Scions emprendian su mision suicida hacia las estrellas. Y el Guerrero de la Luz, portando en su alma la fusion de Ardbert, el cristal de Azem, las memorias de Amaurot, y la bendicion final de Venat, se preparo para el viaje mas largo y mas peligroso de todos: el viaje al fin del universo, donde Meteion y su canto de desesperacion aguardaban en un lugar donde ningun ser vivo habia estado jamas.

Antes de partir, en los ultimos momentos de calma que el mundo les concedio, cada uno de los Scions miro a los cielos ardientes de Etheirys y se enfrento a la posibilidad muy real de que este viaje seria el ultimo. No habia garantias, no habia profecias de victoria, no habia certezas reconfortantes que aliviaran el peso de lo que se avecinaba. Solo existia la eleccion de luchar o rendirse, y para los Scions de la Septima Aurora, esa no era una eleccion en absoluto: era el fundamento mismo de sus existencias. Thancred ajusto sus armas con la precision mecanica de un hombre que habia sobrevivido a la muerte tantas veces que ya la consideraba una vieja conocida; Y'shtola observo el horizonte con los ojos ciegos que veian mas que cualquier par de ojos normales, sus labios esbozando la sombra de una sonrisa que prometia que la curiosidad era mas fuerte que el miedo; Urianger recito en voz baja un verso profetico cuyo significado completo solo el comprendia, envolviendo la incertidumbre del futuro en el manto familiar de la adivinacion; Estinien, el dragoon solitario cuya participacion en esta mision era el mayor acto de fe que habia realizado desde que abandono su cruzada personal contra los dragones, empuno su lanza con la familiaridad de una extension de su propia alma; Alphinaud y Alisaie, los gemelos que habian crecido de ninos idealistas a guerreros curtidos sin perder jamas la llama de la esperanza que ardia en sus corazones, se miraron con una comunicacion silenciosa que solo los gemelos comparten; y G'raha Tia, aquel joven miqo'te que habia viajado a traves del tiempo y las dimensiones por la simple razon de que creia en el Guerrero de la Luz, sonrio con la confianza de alguien que sabia que la historia no terminaba aqui. El Ragnarok encendio sus motores, el cielo se abrio, y los Scions de la Septima Aurora se lanzaron hacia las estrellas, hacia el final de todo, hacia la verdad ultima que aguardaba en el vacio entre las galaxias donde la esperanza y la desesperacion librarian su batalla definitiva.