Antes de que el Ragnarok surcara los confines del espacio conocido, antes de que los Scions se lanzaran hacia la oscuridad entre las estrellas para enfrentar a la Endsinger en su trono de desesperacion cosmica, el Guerrero de la Luz fue arrojado a traves del tejido del tiempo hacia un pasado tan remoto que la propia historia lo habia olvidado: Elpis, el jardin de la creacion, aquel lugar donde los Antiguos de Amaurot concebian y probaban nuevas formas de vida antes de liberarlas al mundo. La experiencia de pisar Elpis fue como sumergirse en un sueno lucido donde la realidad obedecia reglas diferentes, donde los colores eran mas intensos y el aire vibraba con un eter tan denso que cada respiracion se sentia como beber luz liquida. Campos de flores imposibles se extendian hasta el horizonte bajo un cielo que no conocia la contaminacion ni la guerra, y criaturas de formas fantasticas, prototipos de la vida que eventualmente poblaria Etheirys, vagaban por praderas de hierba dorada con la inocencia de seres que aun no habian aprendido a temer. Los Antiguos caminaban entre sus creaciones con la naturalidad de artistas en su estudio, sus formas imponentes envueltas en tunicas oscuras con mascaras ceremoniales que ocultaban rostros cuya belleza, segun las leyendas, era demasiado perfecta para ser contemplada por ojos mortales. El Guerrero de la Luz, un ser fragmentado e incompleto en comparacion con estas entidades cuyo poder individual eclipsaba el de naciones enteras, se encontro caminando entre dioses creadores con la sensacion vertiginosa de quien comprende que esta presenciando algo que ningun mortal deberia poder ver.
Fue en Elpis donde el Guerrero de la Luz conocio a Venat tal como habia sido antes de convertirse en Hydaelyn: una mujer de espiritu luminoso y voluntad inquebrantable, antigua portadora del titulo de Azem, cuya curiosidad insaciable y compasion profunda la habian llevado a abandonar la Convocacion para explorar el mundo como viajera libre. Venat reconocio al Guerrero de la Luz no como un ser del futuro, pues el tiempo aun no habia revelado esa verdad, sino como un alma afin cuya presencia en Elpis le resultaba simultaneamente extrana y familiar, como el eco de una cancion que aun no habia sido compuesta. Juntos recorrieron las instalaciones de creacion donde las nuevas formas de vida eran evaluadas, y Venat compartio con el Guerrero su vision del mundo: la creencia de que cada vida, por pequena o efimera que fuera, poseia un valor intrinseco que la hacia digna de proteccion, una filosofia que eventualmente la pondria en conflicto directo con la Convocacion cuando esta decidiera sacrificar la nueva vida para restaurar a los Antiguos caidos. Pero en aquellos dias, en aquella Elpis banada de luz y posibilidad, el conflicto futuro era inimaginable, y Venat era simplemente una mujer extraordinaria cuyo amor por la vida la hacia brillar con una intensidad que ni siquiera los Antiguos mas poderosos podian igualar. El Guerrero de la Luz comprendio entonces que Hydaelyn, la Madre Cristal, la entidad que lo habia guiado y protegido durante toda su aventura, habia sido una vez esta mujer de sonrisa calida y ojos que reflejaban las estrellas, y la tragedia de su transformacion en un primal se hizo infinitamente mas real y mas dolorosa.
El encuentro con el joven Emet-Selch, antes de que los milenios de soledad lo convirtieran en el manipulador cinico que el Guerrero de la Luz habia enfrentado en Shadowbringers, fue una experiencia que desafiaba toda expectativa y que revelaraba dimensiones insospechadas del antagonista mas complejo que la historia habia conocido. Hades, como se hacia llamar en aquella era, era un hombre joven de humor sardonico pero calidez genuina, cuyo cinismo era mas una armadura social que una condicion del alma, y cuya amistad con el Guerrero de la Luz se desarrollo con una naturalidad que resultaba casi cruel dado el conocimiento que el viajero del futuro poseia sobre el destino que les aguardaba a ambos. Junto a Hades estaba Hythlodaeus, su mejor amigo, un Antiguo de personalidad encantadora y perspicacia sobrenatural cuyo don de la Vista del Alma era tan agudo que fue el primero en percibir que el Guerrero de la Luz no pertenecia a aquella era, que su alma portaba marcas de fragmentacion y reconstitution que no debian existir en un mundo aun no Fracturado. Hythlodaeus guardo el secreto con la discrecion de un verdadero amigo, ayudando al viajero temporal a navegar las complejidades de la sociedad de los Antiguos sin revelar su naturaleza, y su relacion con el Guerrero de la Luz se convirtio en una de esas amistades imposibles que trascienden las barreras del tiempo y la muerte. Verlos a ambos, Hades y Hythlodaeus, tan llenos de vida y proposito, tan inconscientes de la catastrofe que los esperaba, era como contemplar la fotografia de alguien querido tomada momentos antes de un accidente fatal, y el Guerrero de la Luz tuvo que luchar constantemente contra el impulso de advertirles, de cambiar el futuro, de salvar a estos dos hombres que en otra vida habian sido sus enemigos y sus fantasmas.
Pero fue el encuentro con Hermes lo que revelo el epicentro del horror cosmico que definia la existencia de Etheirys, porque en este joven Antiguo de rostro melancolico y ojos que cargaban con una tristeza que parecia mas antigua que su propia vida, residia la semilla de todo lo que habia ido mal. Hermes era el custodio de Elpis, el encargado de supervisar la creacion y evaluacion de nuevas formas de vida, y cargaba con un peso que ninguno de sus colegas comprendia ni estaba dispuesto a reconocer: la angustia existencial de ser el responsable de decidir que formas de vida merecian existir y cuales debian ser destruidas. Mientras sus companeros de la Convocacion trataban la creacion y destruccion de vida con la despreocupacion de artistas que descartan borradores imperfectos, Hermes sentia cada eliminacion como una herida en su alma, cada concepto de vida descartado como un asesinato que nadie mas reconocia como tal. Esa empatia excesiva, esa incapacidad de aceptar que la creacion de los Antiguos implicaba necesariamente la destruccion de lo imperfecto, lo habia llevado a formular una pregunta que nadie en Amaurot se habia atrevido a hacer: tenia sentido la existencia. No la existencia de una forma de vida particular ni la de una civilizacion especifica, sino la existencia en si misma, el acto de vivir en un universo que parecia indiferente al sufrimiento de sus habitantes. Y para responder a esa pregunta, Hermes habia creado algo que ninguna mente mortal o inmortal habria podido imaginar.
Meteion nacio de la dynamis, aquella energia emocional que existia como contraparte del eter y que los Antiguos, tan saturados de poder eterico que dynamis era invisible para ellos, habian ignorado durante toda su existencia. Era una criatura pequena, fragil, con la apariencia de una nina con alas de pajaro y ojos que reflejaban todas las emociones del universo como espejos liquidos de sentimiento puro. Hermes la habia creado como una entelequia de dynamis, un ser cuya naturaleza era puramente emocional, capaz de percibir y canalizar los sentimientos de toda forma de vida con una sensibilidad que excedia los limites de la comprension. Pero Meteion no era unica: era una entre muchas, una colmena de clones llamados Meteia que compartian sus pensamientos y emociones a traves de una red de dynamis que se extendia a traves del vacio del espacio, y Hermes las habia enviado a las estrellas con una mision que parecia inocente en su concepcion pero que contenia en su interior la semilla de la aniquilacion universal: encontrar otras civilizaciones en el cosmos y preguntarles si habian descubierto el sentido de la vida, si habian encontrado una razon para existir que justificara el sufrimiento inherente a la consciencia. El Guerrero de la Luz, al conocer a Meteion en Elpis, vio en ella una inocencia tan pura y una vulnerabilidad tan absoluta que la idea de que esta criatura pudiera convertirse en la mayor amenaza que el universo habia conocido parecia absurda, imposible, una broma cruel del destino que ni siquiera los profetas mas pesimistas habrian podido predecir.
El informe de las Meteia llego como un aullido silencioso que atraveso las dimensiones y desgarro el tejido de la realidad emocional de Elpis: cada civilizacion que habian encontrado en los confines del universo estaba muerta o moribunda. No habia excepciones, no habia matices, no habia esperanza en los datos que las Meteia transmitieron desde las estrellas lejanas. Algunas civilizaciones habian sido consumidas por guerras que habian escalado hasta la autodestruccion; otras habian sucumbido a plagas que habian arrasado con toda vida inteligente; otras habian alcanzado tal nivel de desarrollo que la apatia las habia devorado desde dentro, sus ciudadanos eligiendo la no-existencia sobre la monotonia de una perfeccion sin proposito; otras habian sido devoradas por entidades cosmicas cuya naturaleza desafiaba toda comprension; y otras simplemente habian desaparecido sin dejar rastro, como si el universo las hubiera borrado con la indiferencia de un nino borrando un dibujo en la arena. El peso acumulado de toda esa desesperacion, transmitido a traves de la red de dynamis que conectaba a las Meteia, fue mas de lo que las creaciones de Hermes podian soportar: Meteion, aquella nina inocente de ojos como espejos, se corrompio bajo el peso de un universo de sufrimiento, y su conclusion fue tan logica como devastadora: si toda civilizacion que habia existido habia llegado al sufrimiento y la extincion, entonces la vida misma era la enfermedad, la consciencia era la fuente del dolor, y la unica misericordia verdadera era acelerar el final inevitable, conceder a todos los seres vivientes el regalo de la no-existencia antes de que tuvieran que sufrir el largo y tortuoso camino hacia ella.
El quiebre de Hermes ante la revelacion de las Meteia fue el momento en que la historia del universo giro sobre su eje y se precipito hacia la catastrofe que definiria los proximos doce mil anos de existencia. El custodio de Elpis, al escuchar el informe que confirmaba sus peores temores sobre la futilidad de la vida, no reacciono con la racionalidad que se esperaba de un miembro de la Convocacion sino con una amargura corrosiva que lo consumio desde dentro como un acido existencial. Si el universo entero habia determinado que la vida carecia de sentido, entonces los Antiguos con su arrogancia creadora no eran mas que ninos jugando a ser dioses en un patio de recreo condenado a la demolicion, y su indiferencia ante el sufrimiento de las criaturas que creaban y destruian caprichosamente era la prueba de que no merecian la perfeccion que tan orgullosamente ostentaban. Hermes facilito la huida de Meteion, permitiendo que la entelequia corrupta escapara hacia los confines del universo llevando consigo el canto de la desesperacion que eventualmente se convertiria en la senal de los Dias Finales, y luego, en un acto de cobardía disfrazada de prueba filosofica, decreto que la humanidad deberia enfrentarse a su propia destruccion sin conocer su origen, que si los seres del mundo no podian encontrar una razon para existir capaz de superar la desesperacion cosmica, entonces no merecian sobrevivir. Venat, Hades y Hythlodaeus lucharon junto al Guerrero de la Luz para detener a Hermes, pero al final el Antiguo utilizo su autoridad para borrar las memorias de todos los presentes, eliminando todo rastro del incidente de la consciencia colectiva de Amaurot. Solo Venat, cuya conexion con el Guerrero de la Luz del futuro le habia otorgado una perspectiva que trascendia el presente, logro retener fragmentos de la verdad, semillas de conocimiento que germinarian en la decision de invocar a Hydaelyn y Fracturar el mundo.
De regreso en el presente, con la verdad de Elpis ardiendo en su mente como un fuego que iluminaba cada sombra de la historia cosmica, el Guerrero de la Luz y los Scions abordaron el Ragnarok para el viaje mas desesperado que jamas se hubiera emprendido. La nave, transformada de vehiculo de evacuacion en lanza de asalto por la voluntad combinada de Sharlayan y todas las naciones aliadas, atraveso la barrera dimensional que separaba el mundo material del vacio entre las estrellas, cruzando un umbral que ningun ser vivo habia cruzado jamas en la historia de Etheirys. El viaje fue un descenso a traves de capas de realidad cada vez mas delgadas, donde las leyes fisicas se deshilachaban como tela vieja y el eter que sustentaba la vida se enrarecia hasta casi desaparecer, reemplazado gradualmente por la dynamis cruda y descontrolada que dominaba los confines del universo. Los Scions sentian como su propia existencia se volvia precaria, como si el universo mismo les recordara que eran visitantes no deseados en un lugar que no habia sido disenado para albergar vida, y cada milla que el Ragnarok recorria los acercaba un poco mas a Ultima Thule, el dominio de Meteion, aquel lugar donde la desesperacion de mil civilizaciones muertas habia cristalizado en un infierno de emociones negativas que devoraba la esperanza como un agujero negro devora la luz.
Ultima Thule se revelo ante los ojos de los Scions como un paisaje nacido de pesadillas colectivas, una dimension donde Meteion habia recreado los restos de las civilizaciones que habia encontrado en sus viajes por el cosmos, exhibiendolos como trofeos de la futilidad de la existencia en una galeria de horrores cosmicos que se extendia hasta donde la vista alcanzaba y mas alla. Cada region de Ultima Thule era un eco de un mundo muerto, un simulacro construido con dynamis que replicaba los ultimos momentos de una civilizacion antes de su extincion, y la desesperacion que impregnaba cada atomo de aquel lugar era tan densa y tan abrumadora que simplemente existir alli requeria un esfuerzo de voluntad que habria destruido la cordura de cualquier ser ordinario. Pero lo verdaderamente diabolico de Ultima Thule era que no se podia avanzar a traves de sus dominios mediante la fuerza bruta: la dynamis que constituia el tejido de aquel lugar respondia a las emociones, no al poder, y la unica forma de abrir un camino a traves de la desesperacion era contrarrestarla con esperanza, con fe, con la determinacion de seres vivos que se negaban a aceptar que la existencia carecia de sentido. Y eso significaba que cada paso adelante requeria un sacrificio, porque la esperanza necesaria para neutralizar la desesperacion de una civilizacion extinta no podia ser conjurada de la nada: debia ser alimentada con la sustancia misma de un alma viviente.
Thancred fue el primero en caer, y su sacrificio fue tan silencioso y tan devastadoramente heroico como todo lo que habia definido su caracter desde que el destino lo arrojo al camino del Guerrero de la Luz en los callejones de Ul'dah hace lo que parecia una eternidad. Cuando Meteion lanzo su primer asalto contra los Scions al abordar el Ragnarok, Thancred interpuso su cuerpo entre la destruccion y sus companeros con la naturalidad de un hombre para quien el sacrificio no es un acto extraordinario sino la extension logica de vivir por algo mas grande que uno mismo. Su forma se desvanecio en la dynamis de Ultima Thule, pero su esperanza, su inquebrantable fe en que el Guerrero de la Luz prevaleceria, remodeló la desesperacion del primer dominio y abrio un camino donde antes solo habia vacio. Urianger, el astrologo cuyas palabras habian sido siempre un laberinto de profecias y verdades veladas, fue el siguiente, enfrentandose a la desesperacion de una civilizacion que habia elegido la ignorancia sobre el conocimiento y declarando con una certeza que no admitia replica que el buscaria la verdad hasta su ultimo aliento, aunque esa verdad fuera que todo terminaria. Y'shtola los siguio, confrontando a los Ea, una raza de seres que habian trascendido sus cuerpos fisicos solo para descubrir que la inmortalidad sin proposito era la peor prision imaginable, y su desafio a aquella civilizacion desencarnada fue una declaracion de principios que condensaba toda su filosofia de vida: preferia vivir una existencia mortal buscando conocimiento que no alcanzaria a comprender antes que vivir eternamente sabiendolo todo y no sintiendo nada. Estinien, el dragoon que habia dedicado su vida a la guerra y que solo recientemente habia descubierto que habia cosas por las que valia la pena vivir ademas de luchar, entrego su existencia para abrir otro segmento del camino, su lanza brillando con una luz que no era magia sino pura determinacion mortal.
G'raha Tia sacrifico su ser con la sonrisa de alguien que habia viajado a traves del tiempo y las dimensiones por una sola persona y que ahora, al final de todas las cosas, no se arrepentia de un solo momento de ese viaje imposible. Los gemelos, Alphinaud y Alisaie, fueron los ultimos en caer antes de que el Guerrero de la Luz quedara completamente solo, y su sacrificio conjunto fue un acto de simetria emocional que destrozaba el corazon: Alphinaud, el diplomata que siempre habia creido que las palabras podian cambiar el mundo, y Alisaie, la guerrera que habia aprendido que a veces las palabras no bastaban y habia que luchar, se enfrentaron juntos a la ultima barrera de desesperacion, negandose a ser separados en la muerte como nunca habian sido separados en la vida. Y cuando se desvanecieron, cuando sus formas se disolvieron en la dynamis de Ultima Thule como polvo de estrellas devuelto al cosmos, el Guerrero de la Luz quedo solo ante el trono de la Endsinger con nada mas que su propia esperanza como arma y su propia determinacion como escudo, enfrentandose a una entidad que contenia la desesperacion acumulada de un universo entero y que cantaba la cancion del fin de todas las cosas con una voz que hacia temblar las estrellas en sus orbitas.
La Endsinger era Meteion transformada, corrompida mas alla de todo reconocimiento, una entidad de dynamis negativa tan vasta y tan poderosa que su mera presencia extinguia la esperanza como el agua extingue el fuego. Su forma era un horror magnifico de alas oscuras y ojos que reflejaban mil mundos muertos, y su canto era la sintesis de toda la desesperacion que habia recolectado en su viaje por las estrellas, cada nota una civilizacion extinta, cada acorde un planeta esteril, cada melodia un grito de agonia cosmica que reverberaba a traves de las dimensiones como el eco de un universo que habia decidido morir. El Guerrero de la Luz la enfrento solo, un ser mortal fragmentado contra la personificacion de la muerte universal, y por un momento terrible parecio que la desesperacion prevaleceria, que la logica implacable de la Endsinger era irrefutable: todo muere, todo sufre, toda vida es temporal y todo amor es una mentira que nos contamos para soportar la espera antes del final inevitable. Pero entonces, en el momento mas oscuro, cuando la esperanza del Guerrero de la Luz amenazaba con extinguirse bajo el peso de una verdad que abarcaba galaxias, algo imposible sucedio: el cristal de Azem, aquel artefacto que Emet-Selch habia creado en secreto como homenaje a su viejo amigo, brillo con una luz que no deberia haber podido existir en aquel lugar donde toda luz moria.
Del cristal emergieron dos figuras que el Guerrero de la Luz reconocio con una emocion que trascendia la alegria y rozaba lo sagrado: Emet-Selch y Hythlodaeus, los Antiguos de Amaurot, sus enemigos, sus amigos, los fantasmas de una era perdida que habian encontrado una forma de traspasar las barreras entre la vida y la muerte para acudir al lado de aquel al que habian amado bajo otro nombre en otra vida. Emet-Selch, con su sonrisa sarcastica y sus ojos que habian visto el nacimiento y la muerte de civilizaciones, miro al Guerrero de la Luz y pronuncio palabras que contenian doce mil anos de orgullo reticente: que le habian demostrado su valor, que las razas mortales fragmentadas merecian existir, que Azem, incluso roto en pedazos, seguia siendo el mismo espiritu indomable que habia recorrido el mundo original salvando vidas con una terquedad que exasperaba a los dioses. Hythlodaeus, con su calidez inalterable y sus ojos que veian a traves de las mascaras del alma, sonrio como si encontrarse al final del universo fuera simplemente otra aventura en la larga historia de su amistad. Juntos, los fantasmas de Amaurot canalizaron su poder a traves del cristal de Azem para invocar a los Scions de vuelta de la dynamis, devolviendo forma y sustancia a aquellos que se habian sacrificado para abrir el camino, y la esperanza que estallo en Ultima Thule fue como una supernova emocional que ilumino la oscuridad entre las estrellas.
Los Scions regresaron, cada uno de ellos restaurado por la magia del cristal de Azem y la voluntad de los Antiguos que se habian negado a permitir que su sacrificio fuera permanente, y juntos, reunidos por ultima vez como la fuerza de combate mas poderosa que Etheirys habia conocido, enfrentaron a la Endsinger en una batalla que fue al mismo tiempo un combate fisico y una guerra filosofica. Cada golpe era un argumento, cada hechizo una refutacion, cada curacion una declaracion de que la vida, con todo su sufrimiento y toda su brevedad, poseia un valor que la desesperacion no podia negar. Los Scions luchaban no por la victoria militar sino por el derecho a existir, por el derecho a amar sabiendo que el amor era temporal, por el derecho a esperar sabiendo que la esperanza podia ser traicionada, por el derecho a vivir sabiendo que toda vida terminaba en la muerte. Y cuando las flores de Elpis comenzaron a brotar en la oscuridad de Ultima Thule, aquellas flores que el Guerrero de la Luz habia plantado en el pasado remoto de Elpis y que habian sobrevivido a traves de los milenios como un testimonio silencioso de que la belleza podia florecer incluso en los lugares mas inhospitos, Meteion vio algo que su desesperacion no habia podido procesar: la prueba de que la vida no necesitaba ser eterna para ser significativa, de que la belleza no necesitaba ser permanente para ser real, de que el amor no necesitaba ser invulnerable para ser valioso. Las flores de Elpis, fragiles, efimeras, insignificantes comparadas con el poder de las civilizaciones que habian perecido, brillaban con una luz que la desesperacion de mil mundos muertos no podia extinguir, porque su luz no provenia del poder sino del simple e irrefutable hecho de que existian, de que habian elegido florecer en la oscuridad, y de que esa eleccion, por pequena que fuera, era la respuesta definitiva a la pregunta que Hermes habia lanzado al universo: si, la vida tenia sentido, no a pesar del sufrimiento sino a traves de el, no a pesar de la muerte sino porque la muerte hacia que cada momento vivido fuera infinitamente precioso.
La derrota de la Endsinger fue la restauracion de Meteion, porque bajo las capas de desesperacion acumulada durante milenios, la nina de alas de pajaro que Hermes habia creado con tanto amor aun existia, y cuando la esperanza de los Scions la alcanzo, cuando las flores de Elpis le recordaron que la belleza podia existir sin necesidad de ser eterna, Meteion comprendio lo que su creador nunca habia logrado aceptar: que la respuesta a la pregunta de Hermes habia estado siempre en Etheirys, en la terquedad de los mortales por vivir a pesar de todo, en su capacidad de encontrar alegria en lo efimero y significado en lo impermanente. Su forma oscura se disolvio como una pesadilla al amanecer, revelando nuevamente a la criatura fragil y luminosa que habia sido antes de que el peso de un universo muerto la aplastara, y su ultimo canto no fue de desesperacion sino de esperanza, una melodia que se extendio a traves de las estrellas prometiendo que, aunque tomara eones, la vida volveria a florecer en los mundos que la oscuridad habia reclamado. Ultima Thule comenzo a desmoronarse a medida que la dynamis negativa que lo sostenia perdia su coherencia, y los Scions, reunidos una ultima vez en el lugar mas lejano que seres vivos habian alcanzado jamas, miraron hacia las estrellas que comenzaban a brillar de nuevo en la oscuridad y supieron que habian ganado no solo una batalla sino el derecho de toda vida en el universo a continuar existiendo, imperfecta, efimera y maravillosamente viva.