Cuando los supervivientes de Ascalon cruzaron las Montanas Estremecidas y descendieron hacia las tierras occidentales del continente, lo que encontraron al otro lado de las cumbres nevadas no fue el refugio pacifico que la desesperacion les habia hecho imaginar sino un mundo tan complejo y tan peligroso como el que habian dejado atras, un mundo donde las apariencias engañaban con una maestria que habria avergonzado al mas habil de los ilusionistas y donde las fuerzas que gobernaban el destino de los mortales operaban desde las sombras con una sofisticacion que hacia que la brutalidad directa de los Charr pareciera, en comparacion, un ejercicio de honestidad. Kryta, el reino que se extendia entre la costa occidental y los bordes de la Selva de Maguuma, habia sido durante generaciones una nacion prospera gobernada por una monarquia cuya legitimidad se remontaba a los tiempos de la colonizacion humana del continente, pero los anos recientes habian transformado ese reino en algo que sus propios fundadores no habrian reconocido: un estado teocrático gobernado en la practica por una orden religiosa cuyo nombre se pronunciaba con reverencia en las plazas publicas y con terror en los susurros privados. Los Mantos Blancos, la orden que habia salvado a Kryta de la destruccion durante las incursiones de los no muertos y que habia llenado el vacio de poder dejado por la desaparicion del ultimo rey verdadero, se habian convertido en los amos absolutos del reino, y su autoridad se basaba en una fe cuya naturaleza los ciudadanos comunes no comprendian y cuyos secretos mas oscuros habrian provocado una revolucion si hubieran salido a la luz.
La Selva de Maguuma se extendia al oeste de Kryta como un oceano verde de una densidad tan abrumadora que los cartografos habian renunciado a mapearla con precision, contentandose con trazar lineas aproximadas que representaban mas deseos que realidades. Era una selva ancestral donde los arboles crecian hasta alturas que desafiaban la logica botanica, donde las lianas se entrelazaban formando redes tan tupidas que la luz del sol apenas se filtraba hasta el suelo, creando un mundo crepuscular de sombras verdosas y humedad omnipresente donde la putrefaccion y el crecimiento coexistian en un ciclo tan rapido que un arbol podia morir y ser consumido por hongos y trepadoras en el mismo tiempo que le tomaba a un retoño brotar de sus raices. Las criaturas que habitaban Maguuma eran tan diversas como peligrosas: jungla trolls de piel musgo cuya agresividad territorial los convertia en una amenaza permanente para cualquier viajero, aranas de dimensiones monstruosas cuyas telas se extendian entre los arboles como velos de muerte pegajosa, y druidas salvajes que habian abandonado la civilizacion para fusionarse con la selva hasta un punto donde la frontera entre lo humano y lo vegetal se habia difuminado de maneras que los botanicos de la academia de Nolani habrian encontrado tanto fascinantes como perturbadoras.
Pero la verdadera amenaza que acechaba en las selvas y en las tierras de Kryta no era la fauna salvaje ni los bandidos ni las criaturas de la penumbra, sino una conspiracion de dimensiones cosmicas que llevaba generaciones tejiendose en las sombras, una conspiracion cuyos hilos conectaban a los Mantos Blancos con seres de un poder que trascendia todo lo que los mortales de Tyria habian enfrentado. Los Mursaat eran esos seres, y su naturaleza era tan enigmatica como aterradora: una raza de entidades arcanas que existian parcialmente fuera del plano material, seres cuyas formas relucientes de energia dorada evocaban la imagen de angeles caidos cuya belleza era una mascara que ocultaba una crueldad tan antigua como el mundo. Los Mursaat habian sido, en una era remotisima, una de las razas que habian caminado por Tyria antes de que los humanos llegaran al continente, contemporaneos de los Olvidados, de los Enanos y de los Jotun, pero habian elegido un camino diferente al de esas otras razas antiguas: cuando las profecias anunciaron el despertar de los Grandes Dragones Ancestrales, los Mursaat optaron por la supervivencia a cualquier costo, sacrificando a otras razas para sellar la Puerta del Pergamino Ardiente y evitar asi que el cumplimiento de la profecia los arrastrara a una destruccion que consideraban inaceptable. Habian traicionado a todo el mundo para salvarse a si mismos, y esa traicion primordial definia su naturaleza con una precision que ninguna otra descripcion podria igualar.
Los Mantos Blancos eran el instrumento mortal de los Mursaat, la fachada humana que les permitia operar en el mundo material sin revelar su presencia. Confesor Dorian, el lider de la orden, era un hombre cuya fe en los seres que el llamaba los Invisibles era tan absoluta como ciega, un fanatico que habia entregado su alma y la de su nacion a entidades que el adoraba como dioses pero que en realidad lo consideraban un sirviente util cuya devocion seria explotada hasta que dejara de ser conveniente. Bajo la guia de Dorian, los Mantos Blancos habian instituido un sistema de gobierno que mezclaba la administracion civil con el ritual religioso, donde la lealtad a los Invisibles era el criterio supremo de ciudadania y donde la disidencia era tratada no como una opinion politica sino como una herejia punible con la muerte. Los Elegidos, ciudadanos que eran seleccionados por los Mantos Blancos para un honor que el pueblo creia era una bendicion divina, eran en realidad victimas sacrificiales: llevados a la Puerta del Pergamino Ardiente en procesiones que la poblacion de Kryta aplaudia con lagrimas de emocion, los Elegidos eran ejecutados ritualmente para mantener el sello que los Mursaat habian creado generaciones atras, su energia vital drenada para alimentar una barrera magica cuyo verdadero proposito era impedir que la profecia se cumpliera y que los Mursaat fueran expuestos a la amenaza que habian huido hace eones.
Los aventureros que descubrieron la verdad sobre los Mantos Blancos lo hicieron de la manera mas dolorosa posible: tropezando con ella en las profundidades de la selva de Maguuma, donde las victimas de la orden que habian logrado escapar del sacrificio vivian como fugitivos, acosados por patrullas de Mantos Blancos que los cazaban con la eficiencia de sabuesos entrenados. La Espada del Crepusculo, una organizacion de resistencia liderada por quienes habian visto la verdadera cara de los Mantos Blancos y habian sobrevivido para contarla, opero durante anos desde escondites improvisados en las profundidades de la selva, reuniendo informacion, rescatando Elegidos antes de que llegaran a la Puerta y tratando desesperadamente de revelar la verdad a una poblacion que habia sido condicionada durante generaciones para venerar a sus opresores como salvadores. La lucha de la Espada del Crepusculo era una lucha contra algo mas insidioso que un ejercito invasor: era una lucha contra una mentira que se habia convertido en la base de toda una civilizacion, una mentira tan arraigada en la identidad cultural de Kryta que desmontarla equivalia a pedirle a un pueblo entero que aceptara que todo lo que habia creido, todo lo que habia venerado, todo lo que habia dado sentido a sus vidas, era una fabricacion diseñada para sacrificarlos en un altar que nunca debieron haber reverenciado.
Los enfrentamientos entre los aventureros aliados con la Espada del Crepusculo y las fuerzas de los Mantos Blancos se libraron a traves de las selvas de Maguuma y las tierras de Kryta en una guerra que no podia ser ganada con la fuerza bruta porque el enemigo no era simplemente un ejercito sino un sistema de creencias. Cada batalla ganada contra una patrulla de Mantos Blancos era una victoria tactica pero una derrota estrategica si la poblacion seguia considerando a los vencedores como herejes y a los vencidos como martires de la fe. Los aventureros aprendieron que la guerra contra los Mursaat y sus instrumentos humanos requeria no solo espadas y hechizos sino informacion, persuasion y la capacidad de mostrar la verdad a personas que no querian verla. Las pruebas que recopilaron en las profundidades de las ruinas donde los Mursaat guardaban sus secretos, los testimonios de los Elegidos rescatados que podian narrar en primera persona el horror del sacrificio ritual, y las evidencias fisicas de que los Invisibles no eran dioses benevolentes sino manipuladores interdimensionales cuya unica lealtad era hacia si mismos, todo este arsenal de verdad fue desplegado gradualmente contra la muralla de fe ciega que protegia a los Mantos Blancos con mas eficacia que cualquier ejercito.
La Puerta del Pergamino Ardiente, cuando los aventureros finalmente la alcanzaron en las profundidades de las Montanas del Borde del Fuego, resulto ser mucho mas de lo que los Mursaat habian revelado incluso a sus sirvientes mas leales. Era un sello de dimensiones cosmicas, una barrera entre el mundo material y algo que estaba al otro lado, algo cuya naturaleza los Mursaat habian ocultado con tanto celo que ni siquiera Dorian sabia la verdad completa. El sello no contenia simplemente una amenaza para los Mursaat; contenia una profecia cuyo cumplimiento estaba destinado a cambiar Tyria para siempre, y los sacrificios de los Elegidos que los Mantos Blancos habian estado realizando durante generaciones eran el precio que los Mursaat pagaban para mantener esa profecia en suspension, para posponer indefinidamente un evento que, cuando finalmente ocurriera, los dejaria tan vulnerables como el cristal ante el martillo. Los aventureros se enfrentaron a una decision que no admitia terminos medios: romper el sello y cumplir la profecia, liberando fuerzas cuyas consecuencias nadie podia predecir con certeza, o dejar el sello intacto y permitir que los Mursaat y los Mantos Blancos siguieran sacrificando inocentes para mantener un statu quo que beneficiaba unicamente a los opresores.
La decision de romper el sello desencadeno una cascada de eventos cuya velocidad y cuya magnitud desbordaron la capacidad de todos los involucrados para controlarlos. Los Mursaat, expuestos por primera vez en generaciones a las fuerzas que habian sellado para evitar, se encontraron luchando por su supervivencia con la desesperacion de seres que habian apostado toda su existencia a una estrategia que acababa de fracasar. Los Mantos Blancos, despojados de la proteccion de sus señores invisibles y confrontados con la verdad de que habian estado sirviendo a manipuladores en lugar de a dioses, se fragmentaron en facciones que luchaban entre si con la ferocidad particular de los fanaticos cuya fe ha sido destruida: algunos se aferraron a la causa de los Mursaat con la obstinacion del ahogado que se aferra a la piedra que lo hunde, otros se unieron a la Espada del Crepusculo con el fervor de los conversos que intentan expiar sus pecados pasados con una lealtad aun mas ferviente que la que antes dedicaban a sus amos, y otros simplemente huyeron, perdiendose en las selvas de Maguuma con la mirada vacia de quienes han descubierto que el suelo que creian solido bajo sus pies era en realidad un puente sobre un abismo.
La caida de los Mursaat no fue instantanea sino gradual, una erosion de poder que se prolongo a traves de batallas que se libraron en selvas y montanas y ruinas donde la geografia misma parecia conspirar para hacer cada enfrentamiento mas peligroso que el anterior. Los Mursaat peleaban con la ferocidad de seres acorralados cuyo unico recurso era la destruccion total del enemigo, desplegando poderes arcanos que convertian campos de batalla enteros en infiernos de energia dorada donde la materia se desintegraba al contacto. Su habilidad mas terrible era el Agonia Espectral, un ataque que ignoraba las defensas fisicas y atacaba directamente la esencia vital del objetivo, una tortura que podia matar en segundos si la victima no estaba protegida por la bendicion especifica que solo la profecia cumplida otorgaba. Los aventureros que enfrentaron a los Mursaat sin esa proteccion aprendieron la leccion de la manera mas dolorosa posible, cayendo bajo oleadas de dolor que trascendian lo fisico y alcanzaban el nivel del alma misma. Pero la profecia, una vez cumplida, habia otorgado a los mortales la herramienta para resistir el Agonia Espectral, y con esa proteccion, la invulnerabilidad de los Mursaat se revelo como la ilusion que siempre habia sido: poderosos, si, pero no invencibles, y ante la determinacion de mortales que habian perdido el miedo a morir porque ya habian perdido todo lo demas, los autoproclamados dioses de Kryta descubrieron que la eternidad que creian tener asegurada tenia fecha de caducidad.
Kryta, liberada del yugo de los Mursaat y de los Mantos Blancos, emergio de la crisis como una nacion que necesitaba reconstruirse desde los cimientos, no solo en terminos de infraestructura y gobierno sino en terminos de identidad. Todo lo que los ciudadanos de Kryta habian creido durante generaciones habia resultado ser una mentira, y la tarea de construir una nueva identidad nacional sobre las ruinas de una fe destruida era tan monumental como la reconstruccion de cualquier ciudad devastada por la guerra. La Espada del Crepusculo, que habia operado durante anos como una organizacion clandestina de resistencia, se encontro de pronto en la posicion de tener que gobernar un reino cuya poblacion la miraba con una mezcla de gratitud y resentimiento, agradecida por la liberacion pero resentida por la destruccion de las certezas que, por falsas que fueran, habian proporcionado una estructura de significado a sus vidas. El proceso de reconstruccion seria largo, doloroso y lleno de retrocesos, pero seria tambien la oportunidad de crear algo genuino donde antes habia habido una simulacion, de construir una nacion cuya identidad se basara no en la adoracion ciega de poderes invisibles sino en la capacidad de sus ciudadanos para enfrentar la verdad, por incomoda que fuera, y para seguir adelante a pesar de ella.
Las selvas de Maguuma, mientras tanto, guardaron sus propios secretos con la tenacidad de una naturaleza que habia existido mucho antes de que los humanos pusieran pie en Tyria y que seguiria existiendo mucho despues de que sus naciones se desmoronaran y fueran reclamadas por la vegetacion. En las profundidades mas reconditas de la selva, donde los arboles eran tan antiguos que sus troncos tenian la circunferencia de torres de castillo y sus raices se hundian en capas de tierra que recordaban eras geologicas anteriores a toda civilizacion, dormian fuerzas que ni los Mursaat ni los Mantos Blancos ni los aventureros habian perturbado. Los druidas que se habian adentrado en esas profundidades generaciones atras y que habian elegido fundirse con la selva en lugar de regresar a la civilizacion susurraban, en un lenguaje que era mas vegetal que humano, sobre algo que se movia bajo la tierra con la lentitud de las raices pero con la inevitabilidad de las estaciones, algo que estaba despertando. Pero esas advertencias, pronunciadas en un dialecto que solo los arboles podian comprender, se perdieron en el murmullo perpetuo de la selva, y los humanos de Kryta, ocupados con la reconstruccion de su mundo, no las escucharon. Aun no era el momento de escuchar. El momento vendria, inevitablemente, pero aun no.