Debajo de las selvas de Ragol, accesibles a través de fisuras en la corteza del planeta cuya existencia los Cazadores descubrieron al seguir las pistas que los mensajes de la superficie proporcionaban, se extendía un sistema de cavernas cuya vastedad convertía los bosques de la superficie en un preludio cuya modestia quedaba en evidencia cuando los ojos de los Cazadores se adaptaban a la penumbra subterránea y comprendían que se encontraban en un mundo tan extenso como el de arriba pero radicalmente diferente en su naturaleza. Las cavernas de Ragol eran un ecosistema cuya energía no provenía del sol sino del calor geotérmico que las profundidades del planeta generaban con una intensidad que convertía las zonas más profundas en hornos naturales cuya temperatura superaba los límites del confort humano y que los Cazadores soportaban solo gracias a la protección que sus armaduras fotónicas proporcionaban.
El paisaje de las cavernas era un espectáculo cuya belleza alienígena producía en los Cazadores una fascinación que la peligrosidad del entorno convertía en un lujo que pocos podían permitirse. Las paredes de las cavernas estaban cubiertas de formaciones minerales cuya luminiscencia propia iluminaba los espacios subterráneos con tonalidades que variaban desde el rojo incandescente hasta el azul frío, un arcoíris de bioluminiscencia y minerales reactivos cuya combinación producía un ambiente visual que los Cazadores describían como la representación más cercana a la ciencia ficción que la realidad podía producir. Los ríos de magma que fluían por los niveles más profundos de las cavernas proporcionaban la luz y el calor que el ecosistema subterráneo necesitaba para existir, y las plataformas de roca que se elevaban sobre esos ríos eran los caminos que los Cazadores debían transitar con la precaución de quienes sabían que un paso en falso significaba la caída en un fluido cuya temperatura disolvía la materia orgánica con la instantaneidad de la inmersión.
Las criaturas que habitaban las cavernas eran seres cuya adaptación al entorno subterráneo las había transformado en organismos tan diferentes de los de la superficie como los peces de las profundidades oceánicas son diferentes de los de la superficie. Los Pan Arms, criaturas cuya forma recordaba a los insectos pero cuyo tamaño excedía el de cualquier insecto que los registros de Coral contuvieran, eran los depredadores más comunes de las cavernas superiores, seres cuya capacidad de dividirse en dos organismos independientes durante el combate desconcertaba a los Cazadores que no habían sido advertidos de esta capacidad. Los Migiums y los Hidooms, las dos mitades en que un Pan Arms se dividía, eran criaturas cuya complementariedad hacía que su enfrentamiento simultáneo requiriera una atención dividida que los Cazadores encontraban difícil de mantener cuando cada mitad atacaba con una estrategia diferente.
Los Grass Assassins, criaturas cuya apariencia vegetal les confería una capacidad de camuflaje que las hacía virtualmente invisibles en el entorno del suelo de las cavernas hasta el momento en que atacaban con una velocidad que convertía la detección previa en la única defensa viable, eran los enemigos cuya peligrosidad residía no en su potencia de ataque sino en su capacidad de sorpresa. Los Evil Sharks, depredadores cuya movilidad en el terreno rocoso de las cavernas desmentía su nombre acuático, eran criaturas cuya velocidad y cuya agresividad los convertían en amenazas que los Cazadores novatos aprendían a respetar después de su primer encuentro, un encuentro cuyo resultado dependía más de la reacción del Cazador que de su preparación.
Los Nano Dragons, criaturas cuya naturaleza desafiaba la clasificación biológica que los naturalistas de la Pioneer 2 intentaban imponer, eran seres cuya capacidad de vuelo y cuya emisión de energía los convertían en las amenazas más difíciles de manejar de las cavernas superiores. Los Nano Dragons atacaban desde el aire con proyectiles de energía cuya evasión requería una movilidad que el terreno irregular de las cavernas dificultaba, y su resistencia al daño físico los hacía particularmente frustrantes para los Hunters cuyas armas cuerpo a cuerpo tenían dificultad para alcanzar a enemigos que se mantenían fuera de su alcance. Los Forces y los Rangers, cuyas capacidades a distancia podían contrarrestar la ventaja aérea de los Nano Dragons, eran los combatientes más efectivos contra estos enemigos.
A medida que los Cazadores se adentraban en las profundidades de las cavernas, la intensidad de las criaturas aumentaba con una progresión que los veteranos reconocían como la señal de que se acercaban a algo cuya importancia era proporcional a la ferocidad de los guardianes que lo protegían. Los Guil Sharks, versiones más grandes y más agresivas de los Evil Sharks cuyo ataque coordinado en grupos de tres o más especímenes convertía cada encuentro en una batalla cuya supervivencia requería la coordinación perfecta del grupo de Cazadores. Los Pofuilly Slimes, criaturas cuya naturaleza amorfa les permitía absorber el daño con una eficacia que hacía que los ataques convencionales fueran insuficientes y cuya eliminación requería la aplicación de técnicas elementales cuyo tipo debía corresponder a la vulnerabilidad específica de cada especimen.
Las cápsulas de mensajes que los Cazadores encontraron en las cavernas continuaban el rastro que había comenzado en la superficie, comunicaciones cuyo contenido revelaba que el autor de los mensajes se había adentrado en las profundidades del planeta con una determinación cuya motivación parecía ser la búsqueda de la causa de la explosión que había destruido la colonia. Los mensajes describían observaciones cuya precisión científica era admirable dado las condiciones en que habían sido registrados: análisis de las criaturas de las cavernas que indicaban mutaciones cuya causa era una exposición a una forma de energía que los instrumentos del autor no podían identificar completamente, y reflexiones sobre la posibilidad de que las cavernas no fueran formaciones naturales sino estructuras cuya antigüedad y cuya regularidad sugerían una construcción deliberada.
El guardián de las cavernas, la criatura cuya derrota era la condición para el acceso a los niveles más profundos de Ragol, era un ser cuya magnitud excedía la de cualquier criatura que los Cazadores hubieran enfrentado en la superficie con una proporción que convertía los combates anteriores en ejercicios de preparación cuya insuficiencia solo se hacía evidente cuando el guardián se manifestaba. De Rol Le, un dragón cuya existencia en las profundidades de Ragol era un misterio cuya explicación los científicos de la Pioneer 2 debatían con una intensidad que reflejaba la importancia de la pregunta, era una criatura cuyo tamaño llenaba las cámaras más grandes de las cavernas y cuyo aliento de fuego podía incinerar a un Cazador sin protección con la facilidad con que el sol evapora una gota de agua. La derrota de De Rol Le requería la coordinación de un equipo completo cuyas acciones debían ser tan sincronizadas como los movimientos de un reloj, porque cada error del grupo era castigado por la criatura con una severidad que no dejaba margen para la repetición.
Las cavernas de fuego de Ragol revelaron a los Cazadores que el planeta no era simplemente un mundo cuya superficie era peligrosa sino un mundo cuya profundidad contenía niveles de peligro cuya escalada era proporcional a la profundidad del descenso, una estructura que sugería no la aleatoriedad de la geología natural sino el diseño de una inteligencia que había dispuesto las defensas del planeta con la misma deliberación con que un arquitecto dispone las defensas de una fortaleza.
Las cavernas eran la segunda prueba que Ragol imponía a los que pretendían descifrar sus secretos, una prueba cuya superación no proporcionaba respuestas sino acceso a preguntas más profundas, un patrón que los Cazadores más perceptivos comenzaban a reconocer como la estructura de un misterio cuya resolución requeriría que descendieran no solo a las profundidades del planeta sino a las profundidades de una verdad cuya revelación transformaría su comprensión de Ragol y de los peligros que el planeta contenía.